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lunes, 10 de septiembre de 2012

¿Chantaje de los clientes?

"O me regalas algo o te pongo comentarios negativos"
Por: Paco Nadal

"Esto no va a quedar así." Antón Vázquez, propietario de una casa rural en Galicia se quedó atónito con las intimidaciones vertidas en varios mails enviados por unos clientes que, tras pernoctar en su alojamiento y no quedar satisfechos, le amenazaban con publicar comentarios negativos en la web de Toprural, uno de los mayores portales de alojamiento rústico de España.
A él de momento no le han exigido nada por no publicarlos, pero el foro que los propietarios mantienen en Toprural echa humo por el cabreo del personal ante una práctica que se ha generalizado: chantajear a los propietarios de un alojamiento a la hora de pagar la cuenta con que si no les hacen una rebaja o les invitan otro día, les pondrán comentarios negativos en esa y otras webs sociales.
Al parecer el fenómeno se da sobre todo en casas rurales situadas a entre una y dos horas de Madrid. Es decir, a las que puedas volver fácilmente si le sacas un fin de semana gratis con el chantaje… si vives en Madrid, claro.
Hasta seis dueños de alojamientos rurales a los que les ha ocurrido algo similar se han negado a hablar directamente conmigo; tampoco querían ver publicados sus nombres: prefieren olvidar. Se han dado de baja de ese portal y uno de ellos hasta ha puesto la casa en venta.
¿Hemos creado el más democrático método de prescripción turística o una especie de cheka en la que cada uno puede acusar y vengarse de otro de forma anónima y gratuita?
Lo de la compra de comentarios positivos en este tipo de páginas es algo más que sabido. Hace poco una asociación de cocineros italianos amenazó con acciones contra Tripadvisor, la mayor web del mundo de recomendaciones de hoteles y gastronomía, después de que un proveedor tratara de agasajar a uno de sus miembros poniéndole cinco buenas críticas en ese portal. Un tribunal de Francia condenó a Expedia,TripAdvisor y Hotels.com a pagar a la federación de hoteleros una multa de 430 mil euros por prácticas fraudulentas. Y en el Reino Unido la Asociación de Hoteleros británicos emprendió acciones en los tribunales contra varios de estos portales debido también a los comentarios ofensivos. Casos de un dueño animando a toda la familia a poner críticas negativas sobre su competencia para hundirla están a la orden del día.
Pero el chantaje directo en las casas rurales para lograr un fin económico traspasa todas las líneas rojas.
Desde Toprural, su director de comunicación, Joseba Cortázar, reconoce que sí se han dado estas practicas, a las que define como deplorables, aunque son casos aislados. Y que en efecto hay propietarios que se han dado de baja porque no les gusta el sistema de comentarios anónimos que no se someten a ningún tipo de filtro.
En cualquiera de esas enormes redes sociales de turismo basta con mandar un nombre y un mail, que pueden ser más falsos que Judas porque nadie los comprueba, para empezar a poner a parir a quien quieras sin mayor cortapisa o en el extremo opuesto hacerle elogios tan babosos que sonrojarían a un pavo real.
¿Es tan difícil establecer algún mecanismo de filtro en los comentarios?
“Sería muy fácil”, argumenta Fernando Corral, propietario de una casa rural en la Rioja, “basta con que pidan una fotocopia de la factura para acreditar que en efecto el autor de los comentarios estuvo en ese establecimiento, así de sencillo. O que las críticas negativas se acompañen con una hoja de reclamaciones. Yo las ofrezco a quien no queda satisfecho en mi casa, pero nadie quiere rellenarlas; prefieren el comentario mediático”
¿Por qué no se toman medidas para que quien haga comentarios se identifique por su nombre?, pregunto a los responsables de Toprural: “Nuestra razón de ser y nuestra existencia como negocio es ofrecer lo que busca el viajero: contenidos y opiniones. Y cuantas más opiniones haya más visitas habrá y esto generará más reservas para los establecimientos. De todas formas, de los 160.000 comentarios que hay en Toprural solo el 4% son negativos”
Vamos, en roman paladino: que si pones el más mínimo filtro o requisito a la hora de comentar, el número de comentarios caería en picado y con él el de las visitas a tu web.
Y así llegamos al quid de la cuestión: nos guste o no estamos obligados a vivir en un nuevo sistema de comunicación que descaradamente ha renunciado a la verdad, al rigor, a la comprobación del dato y a la fiabilidad de las fuentes a cambio del número de visitas. Tantas visitas tienes, tanto más líder eres en tu sector. Y me importa un carajo si es verdad o no.
Tráfico, eso es lo que importa.
Alguien podrá pensar que no son más que pataletas de periodistas clásicos molestos con un sistema más abierto y democrático que permite ser opinador y prescriptor a cualquiera. En absoluto. Yo también uso estos servicios y creo que son una gran revolución en el mundo del turismo. Pero mientras el antiguo comunicador experto en una materia (turismo, cine, teatro o gastronomía) firmaba con su nombre, daba la cara y respondía personalmente, estos nuevos comunicadores de la era 2.0 están protegidos por un anonimato que para mi, personalmente, le quita toda credibilidad.  

fuente: http://blogs.elpais.com/paco-nadal/2012/09/chantaje-comentarios-toprural-tripadvisor.html

miércoles, 30 de mayo de 2012

¿Son confiables las ciencias humanas?

¿Podemos fiarnos de las ciencias humanas? Por Eduardo Zugasti, 28 mayo de 2012


Más que para evidenciar la existencia de fenómenos parapsicológicos, el trabajo de Daryl Bem parece haber servido para recordar uno de los defectos predilectos de las ciencias humanas, y concretamente de la psicología: la exacerbada tendencia a publicar resultados positivos.


De hecho, los investigadores que trabajan dentro de las llamadas “ciencias humanas” encuentran muchas más facilidades para publicar resultados que confirman una hipótesis, y muchas más dificultades para publicar resultados que la echan por tierra. Según un trabajo de Daniele Fanelli, esta tendencia concuerda con la hipótesis llamada de la Jerarquía de las Ciencias: “en algunos campos de estudio (que llamaremos en adelante “duros”, los datos y las teorías hablan más por sí mismos, mientras que en otros campos (los “suaves”), los factores sociológicos y psicológicos -por ejemplo, el prestigio de los científicos dentro de la comunidad, sus preferencias estéticas, sus creencias políticas y todo tipo de factores no cognitivos- desempeñan un papel mucho más importante en las decisiones de la investigación, desde las hipótesis que son puestas a prueba a los datos que se recolectan, se analizan, se interpretan y se comparan con estudios previos.”

Este mayor apego del investigador a las cosas que investiga, y quzás esta mayor vulnerabilidad de los científicos humanos al tristemente célebre sesgo de confirmación, es una característica de la “cultura” de las ciencias humanas que se refleja en la publicación de más resultados positivos. Cuánto menos “dura” es una ciencia, y cuánto más cerca está de los prejuicios humanos del propio autor, más resultados positivos publica:
 

Resultados positivos publicados por disciplina. 


Según Ed Yong, que ha llevado este tema hasta Nature, a veces las consecuencias son graves y pueden dar lugar a que la mala conducta científica pase desapercibida o bien sea difícil de diagnosticar. Yong menciona el caso de Diederik Stapel, un psicólogo social que fabricó falsas pruebas para documentar efectos supuestamente discriminatorios sobre las personas en determinados “ambientes desordenados” (por ejemplo, una sucia estación de tren). Sus conclusiones fueron aceptadas por 30 revistas, y fueron bien recibidas por el público, probablemente porque eran conclusiones demasiado sexys para resistirse. Otro caso más conocido, que tampoco ha quedado impune, es el del psicólogo animal Marc Hauser, profesor en Harvard hasta 2010.

El problema con la metodología de las ciencias humanas es que no se trata de una curiosidad para eruditos, especialmente cuando se emplean los resultados científicos para avalar decisiones políticas con un gran impacto potencial. Las ciencias humanas hablan de las cosas que más nos interesan pese a que, como en su día reconocía August Comte, siguen siendo las menos desarrolladas. Otros van más lejos, como Jim Manzi, y son profundamente escépticos con el empleo de las ciencias humanas como base para tomar decisiones políticas. Pero no deberíamos ser radicalmente negativos. Como argumenta el mismo trabajo de Fanelli, será cierto que el rigor científico es inversamente proporcional a la complejidad del campo de estudio, pero al fin y al cabo las diferencias entre las ciencias “duras” y “blandas” podrían ser sólo de una cuestión de grado, no de esencia. El hecho de que estemos discutiendo abiertamente sobre estos problemas, y de que los fraudes claros no consigan pasar desapercibidos, también indica que las ciencias humanas con una vocación realmente experimental no son un caso perdido.
Fuente: http://www.terceracultura.net/tc/?p=4735