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martes, 16 de abril de 2013

Sí, el tamaño del pene importa


Un nuevo estudio concluye que las mujeres prefieren a los hombres con un gran falo, lo que incluso pudo influir en la evolución humana
JUDITH DE JORGE @JUDITHDJ / MADRID



 
Una de las imágenes mostrada a las mujeres voluntarias. PINAS

La cuestión del tamaño del pene ha sido objeto de debate y un componente de la fantasía masculina desde la noche de los tiempos, pero aquellos que pretendan salvar su orgullo y el interior de su bragueta ninguneando la importancia de una buena talla van a recibir una mala noticia. Una nueva investigación realizada por biólogos australianos confirma que, en efecto, las mujeres se sienten atraídas por hombres cuyo órgano sexual es grande.
Claro que eso no lo es todo. Estudios previos ya habían demostrado que ellas prefieren a los hombres más altos, con hombros anchos y caderas estrechas. Los investigadores de la Universidad Nacional de Australia lo corroboran, pero además añaden el «detalle» del falo. Precisamente, un pene grande resulta aún más atractivo si el varón es alto, quizás porque su altura puede hacer que un miembro de talla pequeña se vea aún más diminuto. Eso sí, si el hombre es bajo y tiene un cuerpo poco agraciado, de poco le sirve estar muy bien dotado. «Si usted tiene un pequeño cuerpo con forma de pera, un pene grande no va a aumentar su atractivo sexual», apunta Brian Mautz, coautor del estudio, publicado en la revista Proceedings de la Academia Nacional de Ciencias de EE.UU. (PNAS).
«Los biólogos creen que antes de que los seres humanos modernos, el Homo sapiens, lleváramos ropa, las mujeres utilizaron el tamaño del pene como un factor en la elección del mejor compañero posible para la reproducción, pero pocos datos se han añadido para apoyar esta hipótesis», afirma Michael Jennions, también autor de la investigación. Para comprobar si hoy en día ocurriría lo mismo, los investigadores mostraron a 105 mujeres jóvenes cincuenta imágenes digitales de siluetas varoniles con diferentes tamaños y anatomías, incluso con el pene en reposo. No había duda, las participantes preferían algo que las impresionara.

Influye en la evolución
Jennions y su equipo concluyen que las mujeres tienen en cuenta el tamaño del falo si tienen la oportunidad de verlo antes de mantener relaciones sexuales. En este sentido, creen que la selección femenina puede haber causado que los hombres hayan desarrollado penes más largos durante la evolución humana, un miembro que en la postura erguida del ser humano resulta «prominente y particularmente llamativo». Algunos estudios indican que la preferencia por un pene más grande puede deberse a que proporcionen mayores orgasmos o un mayor nivel de satisfacción sexual, aunque quizás también tenga que ver con preferencias estéticas innatas o adquiridas por normas culturales.
En el estudio, la relación entre tamaño y atractivo se mantiene a partir de penes de 7,6 cms en relajación, lo que se considera por debajo de la media según otro estudio realizado con más de 3.000 varones italianos. Ahí quedan los números.

Fuente: http://www.abc.es/ciencia/20130409/abci-tamano-pene-importa-201304090948.html

lunes, 25 de febrero de 2013

Noticias del pasado humano


Para esta investigación antropológica se han realizado pruebas de radiocarbono. Nuevos estudios sitúan el paso de los neandertales por la península hispánica a hace unos 45 mil años.


MADRID, ESPAÑA (05/FEB/2013). Los últimos neandertales del sur de la península ibérica no coexistieron con los humanos modernos, según un nuevo estudio publicado en la revista PNAS, que contradice lo que hasta ahora venían sosteniendo los historiadores.
Esta es la principal conclusión de un trabajo realizado por un equipo internacional, en el que participaron investigadores de las instituciones españolas Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED), de la Universidad de La Laguna y el Museo Arqueológico y Etnológico de Lucena (sur). También participaron en este estudio expertos de la Universidad de Oxford, la Universidad Nacional de Australia y el Museo Nacional de Historia Natural de París.
Para esta investigación se han realizado pruebas de radiocarbono que han permitido comprobar que los restos estudiados eran en algunos casos mucho más antiguos de lo que se creía hasta ahora, especialmente en los yacimientos de Jarama VI (Guadalajara) y Zafarraya (Málaga).
Estos dos lugares estaban considerados hasta ahora como una de las últimas 'moradas' de los neandertales en la península.
Sin embargo, según este artículo, el paso de los últimos neandertales por esa zona es más antiguo de lo que se pensaba y se remonta a hace unos 45 mil años y no 30 mil, como se creía hasta ahora.
Estos datos anulan la teoría imperante de que el "homo sapiens" y neandertales coexistieran en la península del Pleistoceno superior.
En los últimos veinte años, la comunidad científica aceptaba la teoría de que los últimos neandertales -Homo neanderthalensis- seguían allí en el momento en el que los humanos modernos -la especie Homo sapiens- se encontraban ocupando el norte de la península, una hipótesis que ahora se desmonta, según la UNED.
"No parece que estos últimos neandertales del centro y sur de Iberia llegaran a fechas tan recientes, hace en torno a 30 mil años, como suponíamos hasta estas nuevas dataciones", dijo Jesús F. Jordá, investigador del departamento de Prehistoria y Arqueología de la UNED y uno de los autores del estudio.
Los científicos analizaron huesos de animales manipulados por el hombre -la manipulación por ejemplo para descarnar un hueso deja marcas en él-, explicó Jordá.
A la vista de estos nuevos datos, en opinión de Jordá "habría que revisar los libros de Prehistoria, sobre todo a medida que se vayan obteniendo nuevos resultados"

Fuente: http://www.informador.com.mx/tecnologia/2013/434995/6/ultimos-neandertales-no-coexistieron-con-homo-sapiens.htm

martes, 2 de octubre de 2012

Humanos hace 44.000 años

El comportamiento humano, tal como se concibe en la actualidad,
surgió hace 44.000 años y no hace 10.000 o 20.000 años
como se creía hasta la fecha.
 
 
La investigación, realizada por científicos de Sudáfrica, Francia, Italia, Noruega, Estados Unidos y Gran Bretaña, ha sido publicada en 'PNAS'.
El artículo, titulado 'Primeras evidencias de la cultura material San, representada por artefactos orgánicos de Border Cave, en África del Sur', tiene en cuenta a los San, bosquimanos de África, y ha sido escrito por Francesco d'Errico, Lucinda Backwell, Paola Villa, Ilaria Degano, Jeannette Lucejko, Marion Bamford, Thomas Higham, Maria Perla Colombini y Peter Beaumont.
 "La datación y análisis del material arqueológico descubierto en Border Cave, en el sur de África, nos ha permitido demostrar que muchos elementos culturales que caracterizan el estilo de vida de los cazadores-recolectores San, formaban parte de la cultura y la tecnología de los habitantes de esta zona hace 44.000", señala Backwell, paleoantropólogo en Witwatersrand (Sudáfrica).
Sin embargo, hasta el momento, la mayoría de los arqueólogos creían que los restos más antiguos de la cultura San se remontaban entre 10.000 y 20.000 años atrás, como máximo.
El equipo internacional de investigadores, dirigido por Francesco d'Errico, Director de Investigación del Centro de Investigación Nacional de Francia, dató y analizó objetos de las capas arqueológicas de Border Cave. Situado en las estribaciones de las montañas Lebombo, en KwaZulu-Natal (Sudáfrica), el sitio ofrece material orgánico excepcionalmente bien conservado.
Según Backwell, los resultados del análisis han demostrado, "sin lugar a dudas" que, hace 44.000 años, los habitantes de Border Cave utilizaban palos de escarbar que incorporaban piedras perforadas, iguales a los palos utilizados tradicionalmente por los San.
"Los San se adornaban con huevos de avestruz y cuentas de conchas marinas. Además, tallan finas puntas de hueso para su uso como flechas envenenadas, una de las puntas que encontramos estaba decorada con una espiral llena de ocre rojo, semejante a las flechas de caza de los bosquimanos", señala Backwell.
El análisis químico de los residuos en un palo de madera, decorado con incisiones, revela que, al igual que los objetos de los San, utilizados para la misma finalidad, éstos se utilizaban para transportar un veneno llamado ácido ricinoleico, presente en las semillas de ricino, lo cual representa la primera evidencia de uso del veneno.
Los investigadores también hallaron un trozo de cera de abejas, mezclado con resina tóxica, envuelto en fibras vegetales elaboradas a partir de la corteza interior de una planta leñosa. "Este compuesto complejo, utilizado para el enmangamiento de las puntas de flecha, de hace 40.000 años, es la evidencia más antigua conocida de la utilización de la cera de abejas", añade Backwell.
 Además, el estudio de las herramientas de piedra descubiertas en las estas capas arqueológicas muestra una evolución gradual en la tecnología de las herramientas de piedra. Estos hallazgos apoyan la idea de que, aquello que percibimos hoy en día como 'comportamiento moderno', es el resultado de trayectorias no lineales, que pueden comprenderse mejor cuando se documentan a escala regional.

Fuente: http://www.europapress.es/ciencia/noticia-comportamiento-humano-actual-surgio-antes-pensaba-20120730211813.html

lunes, 2 de abril de 2012

Un poco de antropología para conocernos mejor: los humanos y los lácteos

Lácteos
Menos remoto, y más engorroso que mortal, es otro de los rasgos que la evolución reciente ha dejado en nosotros. Hace unos 10,000 años, en algún lugar del Fértil Creciente, la zona bañada por los ríos Nilo, Jordán, Tigris y Éufrates -o tal vez en India o el África subsahariana- los humanos domesticamos a la vaca y, con esa primera res, nacieron los lácteos. Vacas y humanos pertenecemos al grupo de los mamíferos. Es decir que, entre otras tantas cosas, tenemos en común las glándulas mamarias productoras de leche. Las mamas sirven para alimentar a las crías después del nacimiento y, llegado el momento del destete, los mamíferos no volvemos a encontrar ese alimento. Con la domesticación de animales productores de leche, millones de años de evolución volaron por los aires: machos y hembras adultos de Homo sapiens podían alimentarse a diario de leche. El problema es que este desarrollo tecnológico -el de los lácteos- está en conflicto con nuestro programa genético. Como mamíferos que somos, a partir de los dos años de edad, paulatinamente dejamos de producir una enzima del intestino delgado clave para poder digerir la leche llamada lactasa. La lactosa no digerida llega al colon donde provoca síntomas de diarrea y, cuando es digerida por las bacterias que allí viven, se convierte en gases -sobre todo hidrógeno- que resultan muy molestos. Sin embargo, muchos adultos intolerantes toman leche en pequeñas cantidades con normalidad -en el café- sin experimentar efectos graves. Pero, como decíamos, los humanos hemos seguido evolucionando y nuevas mutaciones han hecho que una parte de la población siga produciendo esa enzima en la edad adulta. Aunque la mayoría -un 65%- sea intolerante, hay poblaciones con una larga historia de ganadería y consumo de lácteos que tienen una proporción mucho mayor de estos genes -sobre todo en el noroeste de Europa e India y en algunas regiones de Africa-.
Tomado de "Ciencia cierta"

jueves, 29 de marzo de 2012

Conocer nuestro pasado para predecir mejor nuestro futuro.



El primer dato chocante del pasado es que, aunque nos cueste creerlo, no hemos dejado de evolucionar. Nuestra especie, el Homo sapiens, apareció en África hace unos 180,000 años. Apartir de 50,000 años nuestros antepasados se extendieron por todo el planeta, alcanzando la India hace 80,000, Australia hace 60,000 y América, a través del estrecho de Bering, hace unos 25,000 años. Los pueblos que coexisten en el planeta comparten un origen común al tiempo que sus particulares biografías los han tildado con diferencias genéticas frutos del proceso de evolución por selección natural que Charles Darwin describió hace más de siglo y medio.



Colores
El color de la piel es un de los rasgos más evidentes, y la historia que se esconde detrás de éste es algo más interesante de lo parece a primera vista. Cuando, hace unos 7 millones de años, nuestros antepasados y el de los chimpancés se separaron, ambos tenían el cuerpo cubierto de pelo. Ese pelaje protegía una piel delicada y clara, como la que hoy mantienen nuestros primos africanos -cuando nacen, los chimpancés tienen una piel muy poco pigmentada que solo se oscurece por acción del Sol tropical a lo largo del tiempo-. Las diferentes especies que mediaron entre aquellos parientes lejanos y nosotros fueron progresivamente perdiendo ese pelaje. El resultado final de la falta de pelo y la radiación solar fue que nuestra piel se oscureciera para protegernos. El Sol es fuente de vida, sus rayos son los que hacen posible que nuestra piel sintetice la Vitamina D, esencial para el desarrollo de los huesos y cuya escasez provoca raquitismo y dificultades en el parto. En latitudes tropicales hay mucha radiación todo el año, de manera que lo importante es protegerse contra el daño que ésta causa en nuestro ADN y la facilidad con la que los rayos ultravioletas destruyen el folato -una molécula esencial para el desarrollo del sistema nervioso durante la gestación-. Todos los Homo sapiens empezamos teniendo la piel oscura.
Cuando algunos abandonaron los trópicos para adentrarse en Eurasia, el color de su piel supuso un problema. La pigmentación ya no protegía contra los rayos ultravioletas -escasos en latitudes septentrionales- y, además, impedía la síntesis de cantidades suficientes de vitamina D. Lo que ocurrió entonces es que, a lo largo de unas cuantas generaciones, los pueblos que ocuparon Europa y Asia sufrieron mutaciones en su ADN que les confirieron una piel menos pigmentada. Lo más curioso es que ambos, europeos y asiáticos, tienen la piel clara por mutaciones distintas. Lo que en evolución se llama característica análoga. Tomado de Ciencia cierta, http://www.sciencefriday.com/cienciacierta/ (Continuará...)