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viernes, 29 de marzo de 2013

El planeta no da para tener tres refrigeradores por persona


Consumo y ecología: el concepto de límites planetarios, acuñado por el Instituto de Resiliencia de Estocolmo, describe los límites biofísicos del planeta en términos que son útiles para la política pública e inteligibles para la opinión pública. 
George Gray Molina

El 99% de las conferencias internacionales adormecen el cerebro. Acabo de regresar de ese 1% que despierta y motiva. La conferencia de seguimiento a Rio+20 y la futura agenda de desarrollo post 2015 evitó lo “diplomáticamente correcto” en la ciudad de Bogotá –y planteó que el problema central de América Latina y el Caribe no son los indicadores, ni el fin de los ODMs, ni siquiera el bajón de la Asistencia Oficial para el Desarrollo, sino el patrón de consumo y producción, insostenibles para ésta y futuras generaciones.  El documento de discusión, producido por el sistema de Naciones Unidas, llama a un cambio estructural si la región quiere reducir pobreza, la desigualdad y vivir para contarla el año 2100.
Para una década en la que el vertiginoso aumento del consumo fue parte de la solución –67 millones de latinoamericanos salieron de la pobreza a partir de un alto ritmo de crecimiento liderado por precios de materias primas—la idea de que el consumo sea a la vez parte del problema es, por decirlo de alguna manera, “controversial”.  Y, sin embargo, tiene mucho de sentido común.
El planeta no da para tener tres refrigeradores por persona, ni gastar 1.200 litros de agua por un kilo de duraznos. El concepto de límites planetarios, acuñado por el Instituto de Resiliencia de Estocolmo, describe los límites biofísicos del planeta en términos que son útiles para la política pública e inteligibles para la opinión pública. Entre dióxido de carbono, acidificación de los océanos, uso de tierra y otras seis dimensiones se juega el límite de lo posible. Si todos los habitantes del mundo  tuvieran el patrón de consumo de EEUU, necesitaríamos 7 planetas. Si todos los europeos  se proclamaran vegetarianos, la contaminación de nitrógeno caería en un 70%.
La pregunta clave es cómo traducir esta preocupación global de largo plazo a un programa de desarrollo de carne y hueso. La agenda estratégica del cambio de patrón de consumo y producción emergió con fuerza en la Conferencia de Rio+20, pero corre el peligro de disiparse si no encuentra un ancla en la política pública y la opinión pública masiva. El elefante que se pasea por la tienda de cristalería es por supuesto el precio de las emisiones de carbono. No hablamos acá del mercado de bonos de carbono, ni los mecanismos de mercado para la reducción de la deforestación, sino del precio por tonelada, que es simplemente la métrica que hace posible valorizar la contaminación de los ríos y transformar el contenido energético del crecimiento económico.
Hoy por hoy, las emisiones de carbono no tienen un precio global. Una manera de fijarla es aplicar un impuesto al carbono. De hecho, muchos países ya la aplican. En nuestra región, Costa Rica aplica un impuesto al carbono equivalente al 3.5% que financia en parte el mantenimiento de sus parques naturales. Un estudio del Banco Mundial calcula que un impuesto al carbono de 22 centavos que estabilice el precio del carbono en 25 dólares por tonelada de emisiones, recaudaría 1 trillón de dólares en los EEUU.
Pongamos esto en contexto. El mundo en desarrollo hoy asigna 523 billones de dólares en subvencionar el consumo de hidrocarburos. Aparte del efecto desigualador –ya que el efecto neto es regresivo— los subsidios al consumo alientan una espiral de mayor dependencia sobre los hidrocarburos. Con precios altos de petróleo, no existen incentivos para generar tecnologías alternativas de energía. Para países productores, la clave está en traducir la bonanza actual en un proceso de diversificación económica gradual. No será sostenible continuar con los subsidios ni basar el desarrollo futuro en una base material tan endeble.
Solo con precios relativos distintos –donde se reducen las emisiones de carbono de manera absoluta—se podrá alinear el patrón de desarrollo con los límites planetarios biofísicos. Todo esto suena a ciencia ficción, pero llegará el día en que aspiremos a un menor ritmo de consumo –más parecido al de nuestros abuelos. Miraremos este periodo como un punto de inflexión para la humanidad.
Una participante de la conferencia de Bogotá mencionaba que la transformación del consumismo latinoamericano no es una quimera –la herencia de los pueblos puede ser aún la base para un nuevo patrón mas equilibrado de vida. La clave está en analizar lo que ganamos y perdemos con transparencia. Es poco probable que podamos “tenerlo todo”.  El cambio estructural proclamado en el documento de Bogotá, propone, hoy por hoy, un giro verde para el patrón de consumo y producción latinoamericano. Bienvenido.

Fuente: http://www.revistahumanum.org/blog/cambiar-el-patron-de-consumo/

lunes, 1 de octubre de 2012

El futuro de una generación

Sustentabilidad y creatividad: el futuro de una generación

Thomas Kimber
Thomas Kimber es Fundador ClanEco.com
y Co-Fundador y Sub-Director Reforestemos Patagonia
Vie, 09/21/2012
 
 
Llevo mucho tiempo intentando observar el mundo desde la perspectiva que nos hacen ver en el colegio, en la universidad e incluso cuando trabajas.
Siempre me han dicho que nuestro modelo económico actual nos ha permitido crear grandes empresas que generan billones de dólares al año, ha hecho posible la construcción de enormes edificios que desafían incluso a las montañas más altas, hemos logrado crear productos que se adapten a todas nuestras necesidades, hemos construido carreteras, ideado maneras de transportarnos grandes distancias en muy poco tiempo, hemos evolucionado la ciencia y la medicina a niveles inimaginables y que todo esto demuestra que somos una especie muy desarrollada, muy inteligente. Sigo observando pero no logro ver mucha inteligencia en todo esto.
Me acuerdo de las clases de economía en la universidad, cuando los profesores hablaban de que el objetivo número uno de una empresa era “maximizar utilidades y minimizar los costos”. “Nada más” – decían-. Solían concluir con una frase clásica de Adam Smith: “para efectos de la economía, el ser humano es egoísta”. Desde la revolución industrial hasta hoy, la mayoría de las empresas y antiguos emprendedores han seguido este modelo al pie de la letra.
Dudo que esto sea parte de la naturaleza del ser humano, sino más bien una creación de un sistema educacional que se masificó junto con las industrias hace ya más de 100 años. Quiero hacer mención a un comentario que vi en uno de los videos del experto en educación y creatividad, Sir Ken Robinson “La revolución industrial creó los procesos productivos que seguimos hasta el día de hoy; procesos lineales y estandarizados. El problema es que la vida humana no es ni lineal ni estandarizada”.
Esta dualidad entre sistema educativo y económico, ha logrado crear la cultura consumista que hoy rige al mundo. En las palabras del anarquista francés Emile Hernri Gauvreay: “Hemos construido un sistema que nos persuade a gastar dinero que no tenemos, en cosas que no necesitamos, para crear impresiones que no durarán, en personas que no nos importan”. Este sistema es el que está poniendo en riesgo el futuro de nuestro planeta, el que ha permitido que el deseo de dinero y bienes materiales haga surgir estas industrias contaminantes que han arrasado con ecosistemas completos y han dejado en la pobreza a billones de personas en el mundo.
En esta columna no quiero centrarme en lo malo de nuestro sistema actual, si no en el gran desafío que tenemos como sociedad y la difícil misión que tenemos como generación de jóvenes.
En las palabras del anarquista francés Emile Hernri Gauvreay: “Hemos construido un sistema que nos persuade a gastar dinero que no tenemos, en cosas que no necesitamos, para crear impresiones que no durarán, en personas que no nos importan”.
Si nos fijamos en la historia, podemos ver un patrón que se repite a lo largo de ella; todas las generaciones han tenido una bandera de lucha, ya sea por ideologías políticas, racismo, educación gratuita, impuestos, derechos humanos, etc. Si bien todas estas causas hacen sentido y han sido un tema fundamental en los noticieros del mundo, son todas causas centradas en los grupos que se manifiestan, son causas centradas en problemas puntuales de nuestro sistema.
En general son movimientos un tanto efímeros, más bien síntomas de un sistema plagado de fallas, que duran un tiempo y se acaban con golpes militares, protestas masivas, guerras o acuerdos económicos. En mi opinión, nuestra generación tiene la tarea más difícil de todas las generaciones que han pasado: Salvar el mundo, literalmente.
Ya es más que evidente que no podemos mantener este sistema y que urge cambiar. No basta con cambios superficiales en la producción de ciertos productos, no basta con reciclar ni con cerrar la llave mientras nos lavamos los dientes. Tampoco basta con protestas y marchas. El mundo necesita un cambio muchísimo más profundo, y tenemos poco tiempo. Para poder salvar el mundo de nosotros mismos, tenemos que entender que se requiere cambiar nuestra manera de pensar, nuestra mentalidad, eliminar los prejuicios que nos hemos construido en todos estos años y abrir nuestra mente a nuevos horizontes.
Tenemos que usar nuestra creatividad, dejar de cerrarnos a lo que existe e innovar. La innovación es una herramienta poderosa que tiene que ser acompañada de sustentabilidad (económica, social y ambiental) para que ayude en el cambio que necesitamos.
Pero para realizar estos cambios no basta con observar. Se debe demostrar con el ejemplo. Si logramos crear sistemas educativos diferentes a los de hoy, en los que se estimule el uso de ambos hemisferios del cerebro y no solo el izquierdo, promoviendo el arte y la creatividad para luego combinar esa educación con modelos de negocio en los que la empresa no se visualice como un ente ajeno a la sociedad, sino que simplemente como uno más de los actores o stakeholders de ella, lograremos hacer que el objetivo de la empresa sea velar por la protección y desarrollo sostenible de todos los otros actores para así mantenerse y generar valor en el largo plazo.
Necesitamos líderes que den el ejemplo, que no se queden solo en las palabras, que demuestren que los cambios son posibles y para mejor. Debemos arriesgarnos a hacer las cosas de otra manera, a equivocarnos y a aprender. Tenemos que entender que un título y un cargo no dicen mucho si no has echo nada positivo por el mundo en el que vives. Estos líderes deben ser capaces de llevarnos a este nuevo mundo o sistema, en el que la realidad refleje las ansias de cambio de nuestro presente. Me encantaría escuchar que en vez de que te pregunten “¿Qué cargo tienes?” o “¿Qué estudiaste?”, pregunten “¿Qué haces tú por el mundo?”. Puede sonar como un sueño, pero, ¿qué idea o proyecto exitoso no ha sonado utópico en sus inicios? Creo que una de las organizaciones que pueden ayudar a que este proceso sea un poco más rápido es Fundación Chile, a través de la innovación y sus proyectos de sustentabilidad.
Tenemos una lucha noble, una lucha “generosa”. Si antes la gente peleaba por sus derechos, esta vez se pelea por los de otros; por la inclusión social, por el fair trade, por los bosques, por los océanos, por los animales, por el agua y por un mundo mejor, un mundo más simple.
Me alegra creer que aunque tenemos la misión más difícil y la responsabilidad más grande de todos los tiempos, somos totalmente capaces de hacerlo.
Cada vez vemos más personas proactivas que defienden ecosistemas, que innovan y emprenden buscando un bien mayor que solo lograr rentabilidad económica. Cada vez vemos más empresas con certificaciones de comercio justo, con manejo renovable de sus recursos, o invirtiendo e incorporando la sustentabilidad entre sus estrategias, y a más personas cuestionándose nuestro modelo educativo. No creo que sea por moda. Es una tendencia que poco a poco se está transformando en un estilo de vida y luego será la manera de pensar por defecto; no habrá que escribir columnas de opinión al respecto, se dará por hecho. Esperemos que seamos capaces de llegar a ese día lo más rápido posible.
Confío en que mi generación tiene las habilidades, la inteligencia y la consciencia para hacerlo. Tenemos todas las herramientas, solo hay que actuar.
 

miércoles, 5 de septiembre de 2012

Golpe a la alimentación ecologista

Un estudio afirma que los alimentos orgánicos
son tan sanos como los otrosEmilio de Benito 


Hay muchas causas para comprar alimentos orgánicos (o ecológicos en la terminología más frecuente en España), pero sus propiedades saludables no son una de ellas. Esta es la principal conclusión de un metaanálisis (estudio de estudios) que ha hecho un equipo de la Universidad de Stanford (EE UU) en el que han revisado dos centenares de trabajos publicados. Si acaso los autores afirman que los productos cultivados o criados de una manera más natural tienen una menor concentración de pesticidas, aunque los otros también están por debajo de los límites saludables. También se detectó una cantidad menor de carne con bacterias resistentes a al menos tres antibióticos en el cerdo y el pollo orgánicos que en las otras carnes. El trabajo lo publica Annals of Internal Medicine.

De los trabajos, 17 se hicieron en humanos, y 223 fueron análisis de alimentos. Ni en vitaminas u otros nutrientes había grandes diferencias. Claro que los propios autores de la revisión admiten que muchos de los trabajos eran muy pobres. Algunos habían sido de dos días, y ninguno había medido el efecto sobre la salud más allá de dos años. Esta es una de las debilidades del trabajo, admiten las autoras, ya que puede condicionar los resultados, aunque no se sabe a favor de quién.
Hay otro aspecto en el que los productos orgánicos sacan ventaja: su componente en fósforo. “Pero dado que muy poca población tiene déficit de este elemento, no es una ventaja real”, dicen los investigadores, citados en la web de la universidad
“Algunos creen que la comida orgánica es siempre más sana y nutritiva”, ha dicho Crystal Smith-Spangler, profesora de Medicina de la Universidad. “Estamos un poco sorprendidos al no haberlo confirmado”, admitió. Lo que, en EE UU y en España sí que es seguro es que, en general, más cara. En Estados Unidos, además, es un negocio en alza. Entre 1997 y 2006 sus ventas se han multiplicado por seis, hasta los 24.400 millones de dólares (unos 20.000 millones de euros).
La autora principal del estudio, Dena Bravata, dice que, sin embargo, hay otros motivos para consumir productos ecológicos, desde el sabor hasta que son menos agresivos con el medio ambiente. Pero que, en cualquier caso, la salud no es el argumento. “Estamos a favor de las comidas saludables. Claro que hay que comer frutas y verduras, pero cómo se hayan cultivado importa menos”, concluye Smith-Spangler.
El secretario de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición, Miguel Ángel Rubio, afirma que el metaestudio "avala" lo que ya se sabía. "Desde el punto de vista nutricional, no hay ninguna diferencia entre una naranja ecológica y una tradicional. O no es mayor que entre una piña de El Hierro y otra de Filipinas o un melón de Villaconejos y otro de un sitio más de secano", explica. "Frutas y verduras son básicamente hidratos de carbono. Puede cambiar la cantidad de agua, pero eso no altera su valor nutricional. Pasa lo mismo con un pescado salvaje o uno de piscifactoría. Se podía pensar que el primero es más sano, pero a lo mejor tiene más mercurio porque el otro está más controlado".
Rubio admite que puede haber otras diferencias, como el sabor, o que la cantidad de azúcares puede cambiar "si uno se recoge antes que el otro", pero no cree que haya razones para suponer que un tipo de cultivo mejore el producto desde el punto de vista saludable.
"Una naranja orgánica es tan sana como una tradicional", dice el secretario de la Sociedad de Nutrición
Lógicamente, los ecologistas no están de acuerdo. "Seguro que si busco, encuentro cientos de artículos en revistas de igual peso que dicen lo contrario", afirma Daniel López, corresponsable de agroecología de Ecologistas en Acción. "Hay muchos estudios que afirman que los productos ecológicos son más nutritivos. Los otros acumulan más agua, por lo que la concentración por unidad de peso y volumen de nutrientes es mayor".
López es tajante: "Los autores dicen en sus conclusiones que los ecológicos son mejores. Que pueden reducir la exposición a pesticidas y a bacterias resistentes. Otra cosa es lo que los autores entiendan por ventajas nutricionales 'significativas", afirma, ya que el trabajo dice que las diferencias encontradas no lo son.
El ecologista les ve otras ventajas. "Hay estudios que comparan pares de alimentos frescos [orgánicos y convencionales] que dicen que los ecológicos tienen mayores concentraciones de oligoelementos, minerales y vitaminas. Además, se conservan mejor, duran más tiempo en buen estado y se pudren de distinta manera".
Pero, de todo, lo que a López parece que le preocupa más es el asunto de los fitotóxicos (los pesticidas). "Cada año se retiran más, lo que quiere decir que los Gobiernos los considera peligrosos. El DDT dura hasta la sexta generación, porque se acumula. En la lista del último año se han reducido mucho". "Hay que preguntarse quién está ganando con que produzcamos con fitosanitarios". "El estudio dice que el nivel de pesticidas está por debajo de lo legal. Es que si no, sería un tema penal. Pero ante algo peligroso, hay que elegir lo que no lo es".
El director del Centro de Investigación Biomédica en Red de la Obesidad y Nutrición, Felipe Casanueva, coincide en que “la mayor ventaja de los orgánicos es que no usan pesticidas. Pero va a ser muy difícil determinar que hay diferencias nutricionales”.
Ante temas como este, donde cada bando puede encontrar artículos en los que apoyar sus tesis, dice López, están "el principio de precaución" y "una línea que cada vez coge más fuerza", que es "que la ciencia no vale para todo". "A niveles de riesgo e incertidumbres crecientes, el conocimiento técnico pierde valor, y empieza a ser más importante lo social". "Hasta la FAO [Agencia de la Agricultura y la Alimentación de la ONU] admite que la ecología ecológica se bastaría para alimentar el mundo", concluye.
fuente: http://sociedad.elpais.com/sociedad/2012/09/04/actualidad/1346771984_991772.html

viernes, 10 de agosto de 2012

Ecología, consumo y democracia

Conclusiones del informe
"Consumo y estilos de vida: cambio global en España 2020/2050"
Rafael Fraguas


La crisis medioambiental requiere cambios políticos tan grandes que sin una nueva legitimidad y nuevos pactos sociales no será posible superarla. El actual modelo de sociedad, en cuanto concierne a consumo, ecología y estilos de vida, está siendo abiertamente cuestionado. Pero otro modelo alternativo sólo será viable mediante una regeneración democrática en línea con las nuevas demandas surgidas del movimiento del 15-M. Sin una nueva legitimidad y un nuevo pacto social entre los poderes y la ciudadanía, ninguna política medioambiental o energética eficaces podrán consolidarse.

Estas son algunas de las conclusiones del informe Consumo y estilosde vida: cambio global, España 2020/2050, presentado este jueves en La Casa Encendida de Madrid por Luis Enrique Alonso, catedrático de Sociología del Consumo; Concepción Piñeiro, de la cooperativa Altekio; Fernando Cembrano, de Ecologistas en Acción y los economistas Álvaro Porro y María Heras, de la revista Options, mentora del informe.

Se trata de un estudio científico que en sus 236 páginas contempla escenarios de futuro y de diagnóstico sobre la situación actual; es un informe pionero en España sobre el consumo en el ámbito del cambio global y hacia la sostenibilidad. Ha sido realizado con grupos de discusión socialmente significativos de entre 90 y 120 integrantes, procedentes de distintas áreas de España, por un equipo multidisciplinar que ha empleado dos años y medio de investigaciones cualitativas. Incluye encuestas, reflexiones y análisis de expertos en asuntos ecológicos, en Sociología del Consumo y de estilos de vida. Incorpora, además, una quincena de tribunas de opinión de otros tantos especialistas.

Según Luis Enrique Alonso, “el informe revela una gran frescura intelectual por la diversidad de metodologías empleadas y por enlazar las cuestiones sociales con las medioambientales”. Los trabajos incorporados al informe señalan que desde la calle se percibe que las políticas oficiales de precios y los impuestos relacionados con el medio ambiente y la energía no promueven actitudes garantes de las apremiantes necesidades de sostenibilidad ecológica.

Asimismo, establece que los ciudadanos de a pie siguen considerando las actitudes de consumo responsable respecto a la energía y el medioambiente que desde las administraciones estatales, regionales y municipales se les demandan como meramente opciones personales, igualmente voluntarias para ricos y pobres. Pero tales políticas, remarca el informe, consisten en estrategias colectivas de supervivencia. Y afectan necesariamente a toda la ciudadanía.

“Las prácticas de consumo permiten que desde la vida cotidiana surjan mayorías sociales capaces de experimentar nuevas prácticas y estilos de vida, visiones y valores que, a su vez, desencadenen cambios políticos potentes”. Así lo asegura el economista Álvaro Porro, co-redactor del informe. A su juicio, los estudios recién publicados muestran que “la percepción de la crisis económica lleva a muchos ciudadanos a admitir medidas drásticas de ahorro, pero los problemas ecológicos se consideran todavía muy distantes y sus efectos, lejanos”. Y añade: “En cuanto a las políticas del Gobierno español al respecto, son incoherentes. Europa acaba de decirle que debe aumentarse la fiscalidad medioambiental, al ser la española, el 1,8 del Producto Interior Bruto, junto con la de Letonia, la más baja de la media europea.

Las actuales políticas” agrega el economista, “no buscan la equidad y las familias que tienen menos ingresos reciben sobre sus economías una carga fiscal proporcionalmente mayor que la que afectan a las familias más ricas”.

Por otra parte, Porro destaca que “la brecha entre el discurso oficial y su acción política es cada vez más ancha; se ha demostrado” concluye, “que las políticas de persuasión, por si solas, no son capaces de generar en las prácticas de consumo de la gente los cambios urgentes que la sostenibilidad del ecosistema reclama”.
 

La consulta del informe completo puede hacerse en www.revistaopciones.org
http://sociedad.elpais.com/sociedad/2012/06/08/actualidad/1339119098_005318.html