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martes, 9 de octubre de 2012

Jóvenes, más positivos que los adultos


Argentina: una encuesta del Ministerio de Educación
muestra que el 59% de los alumnos de 11 a 17
cree que dentro de cinco años estará mejor.
Como contraposición, los padres, docentes y directivos
suelen tener una mirada más negativa sobre el porvenir
Por Silvina Premat  | LA NACION

El 59% de los encuestados cree que dentro de cinco años estará mejor, el 20% estima que estará igual, el 18% no sabe ni arriesga una respuesta y sólo un 3% imagina que estará peor que ahora. Entre los que se visualizan en una mejor situación son más los varones (63%) que las chicas (56%).
La balanza se inclina en sentido contrario en el momento de interrogarlos sobre qué harán al terminar el secundario. El 65% de las mujeres dijo que tenía intenciones de seguir estudiando, en tanto el 44% de los varones hizo lo propio. Ellos, en cambio, son más que ellas al pensarse estudiando y trabajando al mismo tiempo (varones, 29% y mujeres, 22 por ciento).
Los que anhelan trabajar solamente una vez terminado el colegio representan el 11%. Y aquí la diferencia entre los sexos es más grande. Las adolescentes son el 5% y los muchachos, el 15 por ciento.
No sabe si terminará el secundario sólo un 1% y no sabe qué hará después de concluir ese nivel medio, el 8%. El 2% de los varones eligió una de las opciones incluidas en la pregunta: ser jugador de fútbol o jugar a la pelota.
Ante estos números, el director del Centro de Estudios de Políticas Públicas (CEPP), Gustavo Iaies, reacciona advirtiendo sobre una actitud contraria por parte de los adultos.
"Los chicos están a la derecha de los padres; son mucho más claros que ellos, tienen una concepción más tradicional que la de los padres y los varones creen ser los que deben parar la olla", dijo Iaies. Y agregó: "Estos son los hijos de los papás y mamás de la igualdad de género; de padres que dudan de todo y quieren ser tan adolescentes como sus hijos".
Maestro y licenciado y magister en Ciencias de la Educación, Iaies hizo toda la carrera docente dentro y fuera del aula. Su permanente contacto con preceptores, docentes, directivos y padres lo habilita a comparar ambas generaciones.
"Los pibes no dicen, como los adultos, que no vale la pena estudiar porque de última es lo mismo ser ingeniero que taxista. La verdad es que los pibes tienen claro que estudiar vale la pena", dijo. Y precisó: "Estamos trabajando con unos dos mil preceptores en Córdoba y también con ellos en Capital Federal y Mendoza. Llama la atención que los chicos cuentan todo a los preceptores. ¿Por qué? Porque no encuentran referentes. Los padres tienen miedo, no se animan a tomar una posición, dan vueltas y me parece que los pibes se han vuelto optimistas y duros a la fuerza; que se tuvieron que volver adultos en una sociedad que tiene mucha menos capacidad de cuidado que antes".
Antonella Ortiz, de 17, y compañera de Mailén en el quinto año del colegio Buen Consejo, de Barracas, afirma conocer a adultos que "quieren que su hijo juegue a la pelota porque creen que con eso se salvarán desde lo económico". Antonella trabaja en una casa de comida rápida en contraturno con la escuela. Anhela para su futuro trabajar y estudiar comunicación social para luego dedicarse al cine. Sus compañeras Mailén, Celeste Cazón, y Antonella Ortiz, en diálogo con la nacion, asienten sobre la pretensión de algunos adultos. Todas conocen a chicos cuyos padres los anotaron en clubes o escuelas de fútbol con el sueño de tener un hijo exitoso en ese rubro.
"Muchas veces escuché que la juventud de hoy está perdida, pero creo que depende de si uno se deja ayudar o no", acota Mailén y sigue: "Yo soy de la villa 21. Mi mamá no tiene un trabajo fijo. Mis papás se separaron. No tengo una buena ayuda. Acá en el colegio me ofrecieron una beca para estudiar en la Universidad Católica que querría aprovechar. También en la villa está la parroquia Caacupé que ayuda a mucha gente. Por eso digo que creo que depende de si uno se deja ayudar o no."
 Cruce de miradas
Se sabe que la actitud de los padres, docentes, familiares u otros adultos a los que miran los adolescentes influye sobre ellos más de lo que ambos puedan llegar a ser conscientes.
Tal influencia incluye el efecto destino descripto por el sociólogo francés Pierre Bourdieu en su libro La miseria del mundo, y que alude a la posibilidad de que si se parte de prejuicios sociales, el futuro de una persona sería tan previsible como inevitable.
Quizás esto sea una razón por la que en sectores de muy pocos recursos y escuelas con altos índices de deserción y repitencia puede haber algunos jóvenes que no ven nada para su futuro y tienen grandes dificultades para proyectar un porvenir para sus vidas. Así se evidenció en las respuestas que dieron adolescentes de los primeros años del secundario, cuando se les preguntó cómo imaginaban su futuro durante una investigación acerca de los procesos de inclusión en el secundario realizada en cinco escuelas del conurbano bonaerense entre 2008 y 2010 por profesionales de la Fundación Cimientos, titulada Jóvenes que miran la escuela .
"Preguntar por el futuro implica preguntar por la construcción de la subjetividad de cada uno de estos jóvenes, de cómo una imagen futura puede impactar en el presente dándole sentido a prácticas actuales", dicen los autores del trabajo de Cimientos, Graciela Krichesky, María Cortelezzi, Daniela Cura y Aldana Morrone.
Esos profesionales también afirman que "en los momentos de inestabilidad social, de crisis, se desdibujan las posibilidades de construir estas imágenes, ya que si el punto de partida es inestable, toda la subjetividad y la construcción del sujeto como tal están definidas por esta condición de origen".
Uno de los alumnos, por ejemplo, respondió: "Me imagino algo para el futuro y después no pasa; mi hermano más grande terminó todo a los 21, la Facultad y todo, y no tiene nada. Mi prima quería ser policía y ahora está saliendo con los carros (como cartonera)".
Reflexiones como éstas "nos llevan a pensar en la negación de imaginar un proyecto que, debido a la situación socioeconómica que los rodea, sería muy poco esperanzador y desembocaría en una imagen trágica del futuro, restando quizá también sentido al presente", afirman los autores de la investigación de Cimientos.
Mas allá del sector social en el que les haya tocado en suerte nacer, el denominador común de los que quieren estudiar en la Universidad o buscar un trabajo y saben cómo moverse para lograrlo es la pertenencia a familias o entornos que los alientan y se preocupan por ellos.
Otro estudio realizado por Cimientos con 161 jóvenes egresados hace dos años en escuelas de barriadas del conurbano bonaerense con alta vulnerabilidad socioeconómica confirma los resultados de la encuesta del Ministerio de Educación de la Nación.
María Cortelezzi, coordinadora del área de Educación de la Fundación Cimientos, que desarrolla numerosas iniciativas para promover la educación sobre todo en barrios con alta vulnerabilidad socioeconómica, indicó a la nacion una notable diferencia entre la actitud con respecto al futuro de los chicos de los primeros años del secundario que respondieron al estudio Jóvenes que miran la escuela y los que concluyeron ese nivel educativo. Estos últimos lograron estar del lado positivo de la medición estadística, que indica que uno de cada dos jóvenes no termina el secundario.
Quizá por eso, aun dos años después de recibidos mantienen un impulso positivo. "Más del 80% de los 161 jóvenes que participaron en este último estudio estaban trabajando o buscando trabajo, y más del 50% estaban estudiando; además, muchos estudian y trabajan", dijo Cortelezzi.
"Notamos un énfasis en el estudio y el trabajo, pero con una mayor relevancia puesta en la posibilidad de trabajar", dijo la investigadora. Y enseguida pidió tener en cuenta que estos estudios se hicieron con jóvenes de los sectores más desfavorecidos en los que resulta prioritario que tengan un ingreso.
En el plano de las proyecciones, la intención de estudiar prevalece. "Pero al momento de tomar las decisiones resulta más complejo convertir esto en una realidad", dijo.
 Apuesta por la escuela
Si bien las evaluaciones de calidad educativa asignan notas bajísimas para el desempeño argentino y las críticas a la escuela se escuchan por doquier, los chicos siguen creyendo en ella.
Para Cortelezzi, "la escuela sigue teniendo una fuerza simbólica importante". La investigadora recuerda que una de las frases más repetidas por los adolescentes es necesito terminar la escuela para llegar a ser algo en la vida. Sin embargo, agrega Cortelezzi, "son críticos cuando hablan de su escuela a la que ven rota, vieja o lo que sea".
Es decir que la escolarización es considerada por muchos chicos más como un peaje que hay que pagar para poder integrarse luego en el mundo de los adultos que como una instancia de crecimiento y maduración personal.
En su libro Futuro, de reciente aparición en el país, el antropólogo francés Mar Augé diferencia el futuro y el porvenir. En una entrevista publicada en adnCultura explica que "el porvenir es un concepto bastante miope que tendemos a proyectar sobre una colectividad determinada (¿qué porvenir dejaremos a nuestros hijos? o ¿cuál es el porvenir de la ciencia?). Por el contrario, el futuro es la vida que se vive individualmente. El futuro es inmediato, tiene una relación con lo evidente; el porvenir es incierto, es motivo de dudas. El futuro puede provocar esperanza o temor". Hasta el momento, los jóvenes argentinos, en su mayoría, parecen contarse dentro del primer grupo de los que tienen esperanza.
Ser solidario es lo más
Un adolescente es más querido o reconocido cuando, según la opinión de ellos mismos, es solidario, le va bien en la escuela, se viste bien, tiene buen humor y es buen deportista.Esas virtudes o habilidades ocupan los cinco primeros puestos de la respuesta a ¿qué creés que hace a alguien de tu edad querido/a y reconocido/a por todos?, en la encuesta del Ministerio de Educación de la Nación.El 27% cree que ser solidario es lo mejor visto; el 17% considera que es llevar bien los estudios, y el 13% dijo que vestirse bien es también un posible motivo de reconocimiento. "Pero, evidentemente, el cuidado de la ropa no es estar a la moda, que es la última opción (2%), sino andar prolijos", dijo a la nacion Gustavo Iaies.La actitud solidaria es más valorada por las mujeres (31%) que por los varones (24%).Quedaron también como las habilidades o circunstancias menos valoradas el tener dinero para salir (6%), ser natural, espontáneo (5%), saber hablar (4%), ser lindo (4%), saber usar Internet (4%) y estar informado (3%).

lunes, 1 de octubre de 2012

El futuro de una generación

Sustentabilidad y creatividad: el futuro de una generación

Thomas Kimber
Thomas Kimber es Fundador ClanEco.com
y Co-Fundador y Sub-Director Reforestemos Patagonia
Vie, 09/21/2012
 
 
Llevo mucho tiempo intentando observar el mundo desde la perspectiva que nos hacen ver en el colegio, en la universidad e incluso cuando trabajas.
Siempre me han dicho que nuestro modelo económico actual nos ha permitido crear grandes empresas que generan billones de dólares al año, ha hecho posible la construcción de enormes edificios que desafían incluso a las montañas más altas, hemos logrado crear productos que se adapten a todas nuestras necesidades, hemos construido carreteras, ideado maneras de transportarnos grandes distancias en muy poco tiempo, hemos evolucionado la ciencia y la medicina a niveles inimaginables y que todo esto demuestra que somos una especie muy desarrollada, muy inteligente. Sigo observando pero no logro ver mucha inteligencia en todo esto.
Me acuerdo de las clases de economía en la universidad, cuando los profesores hablaban de que el objetivo número uno de una empresa era “maximizar utilidades y minimizar los costos”. “Nada más” – decían-. Solían concluir con una frase clásica de Adam Smith: “para efectos de la economía, el ser humano es egoísta”. Desde la revolución industrial hasta hoy, la mayoría de las empresas y antiguos emprendedores han seguido este modelo al pie de la letra.
Dudo que esto sea parte de la naturaleza del ser humano, sino más bien una creación de un sistema educacional que se masificó junto con las industrias hace ya más de 100 años. Quiero hacer mención a un comentario que vi en uno de los videos del experto en educación y creatividad, Sir Ken Robinson “La revolución industrial creó los procesos productivos que seguimos hasta el día de hoy; procesos lineales y estandarizados. El problema es que la vida humana no es ni lineal ni estandarizada”.
Esta dualidad entre sistema educativo y económico, ha logrado crear la cultura consumista que hoy rige al mundo. En las palabras del anarquista francés Emile Hernri Gauvreay: “Hemos construido un sistema que nos persuade a gastar dinero que no tenemos, en cosas que no necesitamos, para crear impresiones que no durarán, en personas que no nos importan”. Este sistema es el que está poniendo en riesgo el futuro de nuestro planeta, el que ha permitido que el deseo de dinero y bienes materiales haga surgir estas industrias contaminantes que han arrasado con ecosistemas completos y han dejado en la pobreza a billones de personas en el mundo.
En esta columna no quiero centrarme en lo malo de nuestro sistema actual, si no en el gran desafío que tenemos como sociedad y la difícil misión que tenemos como generación de jóvenes.
En las palabras del anarquista francés Emile Hernri Gauvreay: “Hemos construido un sistema que nos persuade a gastar dinero que no tenemos, en cosas que no necesitamos, para crear impresiones que no durarán, en personas que no nos importan”.
Si nos fijamos en la historia, podemos ver un patrón que se repite a lo largo de ella; todas las generaciones han tenido una bandera de lucha, ya sea por ideologías políticas, racismo, educación gratuita, impuestos, derechos humanos, etc. Si bien todas estas causas hacen sentido y han sido un tema fundamental en los noticieros del mundo, son todas causas centradas en los grupos que se manifiestan, son causas centradas en problemas puntuales de nuestro sistema.
En general son movimientos un tanto efímeros, más bien síntomas de un sistema plagado de fallas, que duran un tiempo y se acaban con golpes militares, protestas masivas, guerras o acuerdos económicos. En mi opinión, nuestra generación tiene la tarea más difícil de todas las generaciones que han pasado: Salvar el mundo, literalmente.
Ya es más que evidente que no podemos mantener este sistema y que urge cambiar. No basta con cambios superficiales en la producción de ciertos productos, no basta con reciclar ni con cerrar la llave mientras nos lavamos los dientes. Tampoco basta con protestas y marchas. El mundo necesita un cambio muchísimo más profundo, y tenemos poco tiempo. Para poder salvar el mundo de nosotros mismos, tenemos que entender que se requiere cambiar nuestra manera de pensar, nuestra mentalidad, eliminar los prejuicios que nos hemos construido en todos estos años y abrir nuestra mente a nuevos horizontes.
Tenemos que usar nuestra creatividad, dejar de cerrarnos a lo que existe e innovar. La innovación es una herramienta poderosa que tiene que ser acompañada de sustentabilidad (económica, social y ambiental) para que ayude en el cambio que necesitamos.
Pero para realizar estos cambios no basta con observar. Se debe demostrar con el ejemplo. Si logramos crear sistemas educativos diferentes a los de hoy, en los que se estimule el uso de ambos hemisferios del cerebro y no solo el izquierdo, promoviendo el arte y la creatividad para luego combinar esa educación con modelos de negocio en los que la empresa no se visualice como un ente ajeno a la sociedad, sino que simplemente como uno más de los actores o stakeholders de ella, lograremos hacer que el objetivo de la empresa sea velar por la protección y desarrollo sostenible de todos los otros actores para así mantenerse y generar valor en el largo plazo.
Necesitamos líderes que den el ejemplo, que no se queden solo en las palabras, que demuestren que los cambios son posibles y para mejor. Debemos arriesgarnos a hacer las cosas de otra manera, a equivocarnos y a aprender. Tenemos que entender que un título y un cargo no dicen mucho si no has echo nada positivo por el mundo en el que vives. Estos líderes deben ser capaces de llevarnos a este nuevo mundo o sistema, en el que la realidad refleje las ansias de cambio de nuestro presente. Me encantaría escuchar que en vez de que te pregunten “¿Qué cargo tienes?” o “¿Qué estudiaste?”, pregunten “¿Qué haces tú por el mundo?”. Puede sonar como un sueño, pero, ¿qué idea o proyecto exitoso no ha sonado utópico en sus inicios? Creo que una de las organizaciones que pueden ayudar a que este proceso sea un poco más rápido es Fundación Chile, a través de la innovación y sus proyectos de sustentabilidad.
Tenemos una lucha noble, una lucha “generosa”. Si antes la gente peleaba por sus derechos, esta vez se pelea por los de otros; por la inclusión social, por el fair trade, por los bosques, por los océanos, por los animales, por el agua y por un mundo mejor, un mundo más simple.
Me alegra creer que aunque tenemos la misión más difícil y la responsabilidad más grande de todos los tiempos, somos totalmente capaces de hacerlo.
Cada vez vemos más personas proactivas que defienden ecosistemas, que innovan y emprenden buscando un bien mayor que solo lograr rentabilidad económica. Cada vez vemos más empresas con certificaciones de comercio justo, con manejo renovable de sus recursos, o invirtiendo e incorporando la sustentabilidad entre sus estrategias, y a más personas cuestionándose nuestro modelo educativo. No creo que sea por moda. Es una tendencia que poco a poco se está transformando en un estilo de vida y luego será la manera de pensar por defecto; no habrá que escribir columnas de opinión al respecto, se dará por hecho. Esperemos que seamos capaces de llegar a ese día lo más rápido posible.
Confío en que mi generación tiene las habilidades, la inteligencia y la consciencia para hacerlo. Tenemos todas las herramientas, solo hay que actuar.
 

viernes, 1 de junio de 2012

Tendencias: el consumo rumbo al 2022

El mundo superó recientemente la astronómica cifra de 7 mil millones de habitantes. Según la ONU, el 50% de ellos vive en zonas urbanas, o ciudades, pero dentro de 38 años, hacia 2050, esta cifra superará el 70%. Por: Elie Smilovitz 

Por este y otros motivos, la eficiencia en el transporte de productos y residuos se transforma en uno de los principales retos de la industria de consumo. La ciudad de México recibió la semana pasada la visita de más de 100 expositores durante la International Logistic Summit & Expo 2012, en donde este tema centró parte del debate.
En el proceso están implicados los agricultores, las grandes compañias de alimentos, como Unilever, Kraft Foods, Nestlé, Coca-Cola y otras. También las grandes cadenas de supermercados, como Wal Mart, Carrefour o Tesco.
Estas empresas transportan sus productos por tierra, mar y aire, lo que involucra a los jugadores más importantes del sector logística y a empresas de servicios tales como Capgemini, que prestan asesoría para la "terciarización" de estas actividades.
A este conglomerado se suma el sector público, que avanza hacia una regulación más restrictiva en el transporte y los costos asociados a ese rubro, como las emisiones de CO2 y el precio de los combustibles fósiles.
Así, se trata de lograr que este entramado de sectores sea más eficiente y, en última instancia, sustentable.
¿Cómo lograrlo?
Presentamos las tendencias que, según los expertos, determinarán los patrones de consumo de la sociedad en el futuro. Esas claves permiten idenficar los principales retos que enfrentarán los sectores involucrados y, por tanto, contribuirán a diseñar soluciones.

Artículo completo: http://www.altonivel.com.mx/19520-mayor-urbanizacion.html

jueves, 8 de marzo de 2012

Las mujeres del futuro.

Las mujeres del futuro. Un estudio sobre las mujeres alrededor del mundo Guadalupe Vargas.  


Este estudio fue conducido entre febrero y abril de 2011 y contó con la participación de casi 6,500 mujeres (en 21 países) ubicadas en Asia Pacífico, Europa, América Latina, África y Norteamérica.
La muestra fue aplicada en el campo en países desarrollados usando una metodología online. En países emergentes se aplicó una aproximación online con Metodología de Campo Mixta (MCM), de ubicación central y/o entrevista puerta a puerta. El margen de error es +/- dos puntos. Los países en el estudio representan 60% de la población mundial y 78% del PIB. Fuente: Estudio Nielsen Las Mujeres del Futuro 2011.
Publicado en la Revista Amai. Si desea ver el estudio completo, busque en este link: http://www.amai.org/publica_revista.php



En la distribución del gasto en los hogares, las mujeres tienen el control

Las mujeres controlan la mayoría de las decisiones de compra en el hogar y su influencia está creciendo. Alrededor del mundo están ampliando sus roles tradicionales para intervenir en decisiones del hogar, negocios y política.

El poder de decisión con el que cuentan, representa una gran oportunidad para vincular de mejor manera a las mujeres con los productos que compran, los servicios que utilizan y las tecnologías de medios que usan; capitalizar el conocimiento que se tiene de las mujeres como consumidores, indudablemente puede producir resultados muy positivos.

 ¿Cuáles son los medios tradicionales y nuevos más exitosos para influir en sus decisiones de compra? ¿Las mujeres de países desarrollados piensan y actúan diferente que aquellas que viven en países emergentes? ¿Qué preocupaciones tienen las mujeres ahora y qué esperan para las generaciones futuras? ¿Existen aún los papeles tradicionales o los hombres comparten equitativamente las responsabilidades? ¿Cómo pueden los mercadólogos impactar con mayor efectividad a las mujeres y crear mensajes que se comuniquen mejor con los sentimientos y emociones que las impulsan y fortalecen?

Para contestar estas preguntas, Nielsen realizó un estudio con mujeres de distintas generaciones ubicadas en economías desarrolladas y emergentes. El estudio incluyó 21 países que representan a nivel mundial 60% de la población y 78% del PIB. Este análisis proporciona insights respecto a cómo las generaciones actuales y futuras de mujeres consumidoras compran productos y servicios, y usan los medios de manera distinta. Una verdad universal prevalece: las mujeres en todos los lugares creen que su papel está cambiando y que esta transformación es para mejorar.

Las mujeres consideran que su rol está cambiando para mejorar

El 80% de las mujeres de los países desarrollados creen que el rol de la mujer está cambiando y –de ellas– el 90% considera que este cambio es para mejorar. En países emergentes, el futuro se percibe aún más prometedor. Esta tendencia, de que las mujeres trabajen fuera de casa, ha sido más notoria en los países desarrollados; sin embargo, poco a poco se ha ido incorporando a las naciones emergentes, como las que integran Latinoamérica. De hecho, la expectativa que se tiene de la participación de la mujer en los ingresos del hogar para los siguientes cinco años, evidencia esta clara tendencia.

Las redes sociales están conectando a las mujeres alrededor del mundo, ampliando su “círculo de influencia”, convirtiéndose en una herramienta indispensable para resolver problemas, hacer preguntas y construir una comunidad.

Los medios sociales son mucho más que sólo entretenimiento; en el caso particular de las mujeres proporcionan sin lugar a dudas beneficios funcionales. Nielsen estima que existen en promedio entre 200 a 300 foros de mujeres dedicados a la discusión entre mercados globales (sin contar blogs individuales), donde las mujeres se conectan para tratar temas que van desde la vida familiar, administración de carrera, salud y bienestar, compras y salud financiera.

•• En línea, las mujeres son más comprometidas que los hombres, ya que pasan más tiempo en menos sitios durante una sesión.

Las mujeres hablan 28% más por celular y envían 14% más cantidad de mensajes de texto que los hombres.

Éstos son datos interesantes para mercadólogos y publicistas, tienen la oportunidad de conectarse mejor con las mujeres vía online y encontrar formas de hacerlas sentir como clientes valiosas y a su vez, recompensarlas por ser abogadas de la marca.

Las redes sociales tienen el poder de conectar a mujeres alrededor del mundo y –mientras lo hacen– sus comunidades y círculos de influencia llegan a ser mucho más amplios. Hoy, Nielsen reporta que el uso de los medios sociales ha alcanzado altas cifras de penetración en países como Estados Unidos (73%), Italia (71%), Corea del Sur (71%), Australia (69%), Francia (64%), Brasil (63%) y Alemania (50%).

Mientras tanto, las tasas de adopción de medios tecnológicos continúan al alza en países emergentes. Tres cuartas partes de las mujeres en países emergentes declaran que la computadora y el teléfono móvil les permiten tener una mejor vida en general.

Las mujeres son más influenciadas por personas que conocen

Entre 22 formas de publicidad medidas, las “recomendaciones de gente que conoce”, son por mucho la fuente de publicidad más confiable para las mujeres, tanto en países desarrollados (73%) como en países emergentes (82%); sin embargo, cuando se trata de publicidad pagada, las opiniones varían ampliamente.

Después de las recomendaciones y opiniones encontradas online, las mujeres en países desarrollados dan su confianza al contenido editorial de periódicos (35%), sitios en Internet de la marca (32%) y correos electrónicos a los que se han inscrito (29%). En países emergentes, los sitios en Internet de la marca (60%) son el medio más confiado, seguido de las editoriales de periódico (56%) y anuncios en TV (49%).

El estudio de Nielsen también reveló que la mayoría de las mujeres dijeron que son más reticentes a confiar en anuncios de texto vía teléfono celular, en redes sociales y en dispositivos como teléfonos inteligentes y tablets.

Anuncios en línea tipo banner cuentan con un amplio aspecto positivo para ganar su confianza. La TV es la fuente preferida cuando se trata de obtener información sobre nuevos productos y servicios; este medio continúa siendo el medio más persuasivo y es la fuente número uno en que las mujeres de distintos continentes confían. En 10 de 10 mercados emergentes y en 7 de 11 mercados desarrollados, la televisión se destacó notoriamente sobre las 14 fuentes de información alternas.

Las recomendaciones de boca en boca se ubicaron como la segunda o tercera opción. Los periódicos y revista fueron otra fuente de información popular para las mujeres de mercados emergentes, mientras que el uso de Internet fue más dominante en mercados desarrollados.

En 95% de los países, la calidad es el constructor número uno de lealtad a la marca. En tanto que el precio es una influencia importante para la decisión de compra, en la mayoría de las categorías no se encuentra dentro de los tres primeros criterios. Cuando se trata de generar lealtad a la marca, la calidad es el detonador principal en los países emergentes

Más influencia sí, pero también más estrés

Conforme se incrementa el poder, el estrés aumenta. Ante este cambio de rol que desempeña la mujer a nivel global, las encuestadas declararon que se sienten presionadas por el tiempo, rara vez tienen oportunidad de relajarse y se sienten estresadas y con sobrecarga de trabajo constantemente.

Se pudo observar que en los países emergentes, ellas sienten esta presión aún más que sus congéneres de países desarrollados. Las mujeres de India (87%), México (74%) y Rusia (69%) reportan que el tiempo es su mayor preocupación; en países desarrollados, en España (66%), Francia (65%) e Italia (64%) son las más estresadas por la misma causa.

Adicionalmente, la investigación muestra que las mujeres que viven en países emergentes distribuyen la mayor parte de sus ingresos adicionales en básicos esenciales, como comida y ropa; en tanto que las mujeres en países desarrollados indican que están más dispuestas a destinarlos a vacaciones, compra de abarrotes, pago de deudas y para ahorro en general. Específicamente para el caso de Latinoamérica, el orden de sus preferencias se ubicó de la siguiente manera: vacaciones, ahorro, alimentos, ropa y entretenimiento en el hogar

Las mujeres pueden controlar el gasto en el hogar, pero uno de los aspectos que realmente desean es tener responsabilidades compartidas y más equitativas con sus parejas, respecto a todas las materias de la vida, desde el cuidado a los niños hasta la compra de un auto.

En países desarrollados, la noción de compartir la toma de decisiones y de responsabilidades está bien establecida para todas las materias, aunque las compras relativas a cuestiones de salud y belleza, así como en todas las áreas que tienen que ver con los niños dentro y fuera de casa, permanecen entre las decisiones en las cuales las mujeres ejercen mayor influencia.

En economías emergentes, los hombres aún son considerados como los depositarios de la toma de decisión principal en cuanto a electrónicos y autos, en tanto que la mujer predomina en materia de salud, belleza, alimentos, así como en las decisiones que tienen que ver con el cuidado de los niños.

miércoles, 7 de marzo de 2012

Whatever next?

"Los críticos de la investigación de mercado disfrutan cuando se refieren al porcentaje de productos nuevos que fracasan. Pero no son sólo fracasos en función de una mala investigación, pues está claro que los mercados sólo pueden acoger a un determinado número de productos nuevos, por lo que la investigación sólo puede reducir las probabilidades de fracaso."

http://www.research-live.com/features/whatever-next?%2F4006746.article



Visualising what tomorrow will bring is crucial to what researchers do. But it’s also notoriously difficult. Robert Bain takes a look at the business of prediction.

“We are already on the verge of discovering the secret of transmuting metals… before long it will be an easy matter to convert a truck load of iron bars into as many bars of virgin gold.” Those were the words of Thomas Edison in 1911 predicting scientific advances in the century ahead. By 2011, Edison said, “there is no reason why we should not ride in golden taxi cabs” or “why our great liners should not be of solid gold from stem to stern”.
Edison didn’t live to see his golden taxi cab, and 101 years on from his forecast it still hasn’t shown up. To be fair to him, it’s not difficult to find examples of predictions from the past that were woefully off the mark – and people aren’t getting any more prescient. A 1962 advertisement for Michigan Mutual Liability predicted its customers of 2012 would need insurance for their “picnics on Mars”.
More prosaic predictions can be just as wrong. Many 1960s scholars predicted food shortages in the decade ahead which never came to pass. In the 1980s it was widely believed that Japan was poised to topple the US as the number one world power. And we all remember the anticlimax that was the Y2K bug. Meanwhile hugely significant global events such as the financial crisis and the 9/11 attacks continue to catch us off guard.
In fact half the time we don’t even know what’s happening today, let alone what will happen tomorrow. On New Year’s Eve 2007 the Financial Times predicted that America would not go into recession in the year ahead. They were sort of right – in the sense that the country already was in recession (a fact that would only became clear in economic data released later).
Ask the experts
Clearly, predicting the future is hard – even for experts. In an experiment that ran for 20 years psychologist Philip Tetlock put 28,000 questions about future events to 284 experts in various fields and compared the results with real-world outcomes. Looking back on their performance, Tetlock compared the experts to “dart-throwing chimpanzees”.
Yet despite these failures, we keep making and seeking predictions. We place bets, we listen to pundits, we conduct market research. In his latest book Future Babble journalist Dan Gardner reviews predictions from recognised experts in politics, economics, technology and climate science. “No matter how many times the best and brightest fail, more try,” says Gardner. “And they never doubt they are right.”
Thanks to various psychological quirks from which we all suffer, people whose predictions go awry often don’t accept, or even realise, that they were wrong. But even more worryingly, failed predictions rarely dent an expert’s credibility – people keep listening to them.
Cognitive illusions like these can lead to bad predictions of the value of a company’s stock or of an individual’s professional performance, as Nobel Prize-winning psychologist Daniel Kahneman describes in his new book Thinking Fast and Slow. For most fund managers, choosing stocks is “more like rolling dice than playing poker”, says Kahneman, because despite the knowledge and expertise that traders undoubtedly possess, very few consistently beat the market. The correlation in performance from year to year at a company Kahneman studied was close to zero, suggesting that they were “rewarding luck as if it were skill”.
Similarly, when Kahneman had to evaluate soldiers in the Israeli army for their potential to succeed as officers, he realised that the ones he and his team picked out as the best didn’t do any better than the rest in the long run. But that didn’t stop him. “We knew as a general fact that our predictions were little better than random guesses, but we continued to feel and act as if each of our specific predictions was valid,” he says.
People whose predictions go awry often don’t accept, or even realise, that they were wrong. But even more worryingly, failed predictions rarely dent an expert’s perceived credibility – people keep listening to them
So predictable
All this might sound a bit disheartening. But market researchers haven’t got much choice other than to keep trying to predict the future. And even when the questions at hand are confined to the minutiae of individuals’ decision-making, it’s still not an easy business. So can market researchers really help clients face the future, or are they just chimps throwing darts?
Critics of market research enjoy citing the percentage of new products that fail – a figure that’s different every time you hear it, but is generally agreed to be a large majority. But flops aren’t just a function of bad research – markets can clearly only support a certain number of new products, so research can only reduce the odds of failure so far. Besides, a bit of healthy trial and error can do you good – just look at Google.
SPA Future Thinking forecasts sales for new consumer products, and claims margins of error of +/-9% (or sometimes as low as 4% for brand extensions). But a product’s actual success depends in large part on factors going beyond how consumers respond to it, such as whether distribution goes according to plan, how ad campaigns perform and what competitors do – so forecasts need to be revised after the product is launched.
Another area where the predictive ability of survey results can be tested is election polls – and in the UK’s last general election the prize for most accurate prediction went to ICM. Martin Boon, head of social and government research at ICM, says: “The opinion polls are the only things which are evaluated against a real-world outcome the next day. Nothing else in market research can be treated like that, so it’s critical not only for the polling agency’s reputation but for the reputation of market research in general.”
Opinion polls generally arrive caked in the mud of controversy, but on the whole they do a pretty good job of predicting election results. But there are always unexpected factors that can send things off course – in 1992 it was the infamous ‘shy Tories’, in New Hampshire in 2008 it was Hillary Clinton crying on TV, and in 2010 it was the Cleggmania phenomenon, which led to significant overestimation of the Lib Dem vote. The deceptive simplicity of a voting intention question hides a wealth of complexity, says Boon, as emotional and social factors play on people’s responses.
New methodologies offer hope of improved predictive power. Surveys designed to measure respondents’ implicit attitudes have been shown to help predict their behaviour, while analysis of social media buzz can be used to track epidemics and forecast elections (see box below).
Claims for the predictive ability of survey research techniques have at times proved controversial. Net Promoter Score, the recommendation metric made famous in Fred Reichheld’s book The Ultimate Question, is billed as a predictor of a company’s future sales growth – but a 2007 study by Tim Keiningham and others concluded that there was no evidence for its supposed predictive power. Still, companies haven’t stopped using it, and Reichheld published The Ultimate Question 2.0 last year.
Facing the future
Some researchers make a living from visualising the future. Martin Raymond is co-founder of The Future Laboratory, which runs the trendspotting network LS:N Global and a research division, Future Poll. The firm runs twice-yearly trends briefings, and members of the LS:N Global network constantly discuss, update and refine trends that it highlights, in response to events.
Facing the future can be scary, and Raymond has periodically had to turn clients away who weren’t open to considering certain scenarios. This has included auto manufacturers who didn’t want to discuss electric cars, retail clients who weren’t willing to talk about e-commerce and hotel clients who couldn’t get over the distinction between mainstream and luxury. “The process is always about collaboration and if a client thinks their view is correct, then we say, OK, we can’t work with you,” says Raymond. “The whole point of a network is that you’re being buffeted constantly by new stimulus and the point is to analyse those from a point of view of where the customer will be when you get this to market – not what you think your brand’s needs are.”
Part of the firm’s job, Raymond says, is to shock clients into realising that change is happening, so that they are ready to recognise and respond to it. One client, he says, described the trend briefing as “like having your head pushed into a basin of cold water” – which, for Raymond, is a good review.
Crowd dynamics
Meanwhile, some researchers seeking to predict the success of new product ideas are putting their faith in the wisdom of crowds. This is the idea that the predictions of everyone in a group about what the group as a whole will do are better than the predictions of each individual about what they themselves will do. The principle can be put in to practice through prediction markets, where participants trade ‘shares’ in a product, proposal or election candidate (see box below). It’s a technique that harnesses the predictive power of the market itself – rather than trying to outsmart it like the traders whom Daniel Kahneman observed.
BrainJuicer CEO John Kearon says prediction markets beat standard survey research hands down in predicting the success of new products and services. He rates market research’s current predictive ability at 7 out of 10, but thinks it could improve to an 8½ or 9 if techniques like this were more widely applied. The difficulty in selling prediction markets as a research methodology, he says, is that “it doesn’t seem plausible”.
By assuming that we are reliable experts on ourselves we fall into the same trap as the experts in Philip Tetlock’s experiment, who were overconfident in their abilities and unable to see their failings. The notion that you can predict what other people will have for lunch tomorrow better than you can for yourself is hard to accept. “It just happens to be true,” says Kearon.
As part of BrainJuicer’s efforts to win clients round, the agency has set aside £30,000 for an investment fund that will use markets to bet on the outcomes of public votes such as The X Factor. But it’s not lack of evidence that holds clients back from embracing prediction markets, Kearon believes – it’s inertia.
“Human beings are odd creatures,” he says. “We do odd things, and the way we buy and use research is no exception. We’re trying to work out ways to get people to change behaviour and buy into these methods, and one thing we already know is that evidence of it being more accurate isn’t the way. You’d think it would be but it isn’t.”
Kearon sees research as “part of a game” – a tool deployed when decisions have to be made, but also when boxes have to be ticked, backs covered and past decisions justified. On top of that comes the risk and hassle of changing from one method to another. Kearon says he is reminded of the observation that science only moves forward when the old professors retire or die. It sounds like a bleak view of the world of research, but Kearon doesn’t let it get to him. “You’ve got to work with human nature rather than throw your arms up about it,” he says. “It’s endlessly fascinating.”
“Human beings are odd creatures. We do odd things, and the way we buy and use research is no exception. Evidence of a method being more accurate isn’t the way to get people to buy into it”
John Kearon, BrainJuicer
Known unknowns
Also fascinating, and just as problematic for research providers, is the value we put on the certainty of pundits when judging their predictions. Agency researchers know that clients pay for clarity and confidence, and interpret ifs and buts as signs of weakness, not wisdom. Similarly, former chancellor Norman Lamont once remarked that he enjoyed reading William Rees-Mogg’s column in The Times because he’s “often wrong but he’s never in doubt”.
But one of Tetlock’s most intriguing observations about predictive ability was the distinction he drew between people who know “many things” and those who know “one big thing”. Broadly speaking, people who have a single overarching belief tend to be more certain about their predictions – and less accurate. Those who can triangulate knowledge from many sources, are capable of self-criticism and are not married to any viewpoint or ideology, will be more cautious in their predictions – and more accurate.
For researchers, this is an argument for a pluralist approach to methodology, an openness to new ideas and a healthy scepticism of received wisdom about both research methodology and consumer behaviour. It also means agencies must strike a balance between communicating a compelling story and not overstating or oversimplifying their case.
Will that approach pay off? We’d be lying if we said we knew.


Tomorrow’s world

Some methodologies that offer hope of improved predictive power
  • The Iowa Electronic Markets, run by the University of Iowa’s Henry B Tippie College of Business, are perhaps the best-known example of prediction markets in action. Participants use real money to bet on the outcomes of elections and other events by buying or selling ‘shares’ at between $0 and $1 – with the promise of receiving a full $1 for every share they hold in the correct result when it is announced. As people trade, the price fluctuates and is used to predict the final result. Since the markets were set up in 1988, they have come up with more accurate election predictions than the opinion polls in about three quarters of cases.
  • Specialised online surveys can measure people’s gut reactions to quickfire words and images. These tests analyse not only what choices people make but also other factors such as how quickly they choose. Head-to-head tests of implicit and explicit responses have shown implicit measures to be a better predictor of subsequent behaviour.
  • Social media and the rise of ‘big data’ have created an unprecedented view of what people are doing at a given moment. Google’s Flu Trends service, launched in 2008, showed that monitoring the number of people searching for information about flu symptoms could provide a rapid and accurate way of tracking the spread of the disease – closely matching the official data but available much
    more quickly.
  • Experiments have been carried out to predict election results based on the volume and sentiment of social media chatter about political candidates. A 2010 study at Carnegie Mellon University found that analysis of Twitter data could rival polls as a way of tracking US public opinion over time, while social media service Tweetminster analysed Twitter buzz to predict the last UK general election result with an average error of just 1.75 points – better than some of the traditional polls.

viernes, 24 de febrero de 2012

miércoles, 22 de febrero de 2012

¡Regresamos!

Después de este largo paréntesis, hemos regresado con mucho entusiasmo y ganas de compartir ideas.  Iniciamos esta nueva etapa con una frase de elogio a la estadística dicha nada menos que por el escritor H.G. Wells:
"Llegará el día en el que el pensamiento estadístico será una condición tan necesaria para la convivencia eficiente como la capacidad de leer y escribir”







Y aprovechamos para dejar aquí un video interesante e inquietante, con aspiraciones proféticas, titulado: "La revolución de los medios"
http://www.youtube.com/watch?v=6UrDlqpFteI&feature=related&noredirect=1