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jueves, 14 de marzo de 2013

El dinero no compra la felicidad, pero calma la angustia


Según una encuesta realizada en Estados Unidos, los bajos ingresos incrementan el dolor emocional. Pero el bienestar no mejora cuando se gana más de 75.000 dólares anuales. Se trata de un estudio a cargo del premio Nobel de Economía, Daniel Kahneman, y Angus Deaton del Centro de Salud y Bienestar de la Universidad de Princeton    

   
¿El dinero puede comprar la felicidad? No, pero unos 75.000 dólares al año pueden aliviar el sufrimiento por los problemas de la vida, según un estudio realizado en Estados Unidos. 
En una encuesta entre 1.000 estadounidenses, los consultados dijeron que se sienten en general bastante felices, y más dinero equivale a más satisfacción, pero sólo hasta un punto, descubrieron Daniel Kahneman y Angus Deaton del Centro de Salud y Bienestar de la Universidad de Princeton.
"Más dinero no compra necesariamente más felicidad, pero menos dinero está asociado con dolor emocional", escribieron en Procedimientos de la Academia Nacional de Ciencias.
"Quizás 75.000 dólares es un umbral más allá del cual los incrementos adicionales no generan mejoras en la capacidad de los individuos de hacer lo que le importa más a su bienestar emocional, como pasar tiempo con la gente que les gusta, evitar sufrimientos y enfermedades, y disfrutar del ocio", agregaron.
Los consultados respondieron un intenso cuestionario telefónico de 450 preguntas, incluyendo detalles como ingresos, satisfacción, emociones y tensiones, llamado índice de bienestar Gallup-Healthways.
"Los bajos ingresos exacerban el dolor emocional asociado con infortunios como el divorcio, enfermedades o la soledad. Nosotros concluimos que los altos ingresos compran satisfacción pero no felicidad", aseguraron.
La sensación de bienestar sube con el ingreso, pero sólo hasta cerca de los 75.000 dólares el año, según el estudio. "Tal como en otros estudios de bienestar, encontramos que la mayoría de la gente se sentía bastante feliz y satisfecha con sus vidas", agregó.
Cerca del 85 por ciento de los consultados sonreían, sentían placer o felicidad cada día, aunque un 39 por ciento sentía estrés.


http://www.lagaceta.com.ar/nota/397415/confirmado-dinero-no-compra-felicidad-pero-calma-angustia.html

viernes, 19 de octubre de 2012

Felicidad y dinero

¿Hasta qué punto el dinero nos puede hacer felices o miserables?
 

Dicen por ahí que el dinero no compra la felicidad. Que incluso el hombre con más dinero en el mundo puede sufrir de las mismas insatisfacciones y depresiones que una persona con menos dinero. Pero, realmente, ¿qué tiene que decir la ciencia acerca de esto? ¿Hasta qué punto el dinero nos puede hacer felices o miserables?
En los últimos años, con los avances en las investigaciones sobre la felicidad humana, se han encontrado pistas bastante interesantes sobre la relación entre la felicidad y la cantidad de dinero que poseemos..
Para dar una respuesta corta, podemos decir que sí, el dinero sí compra la felicidad, pero sólo si lo gastas de cierta forma y bajo ciertas condiciones. Me explico..

Con más dinero eres más feliz, pero sólo hasta cierto punto
En 2010, el psicólogo Angus Deaton y el economista ganador del Premio Nobel Daniel Kahneman, realizaron un estudio para analizar las respuestas de 450,000 personas sobre su estado de ánimo, su satisfacción con la vida y su nivel de ingresos..
El resultado arrojó que, en promedio, la felicidad sí aumenta mientras el nivel de ingresos sube, pero este efecto sólo se percibe hasta que se alcanzan ingresos cercanos a los $75,000 dólares por año. De ahí en adelante, la felicidad y la satisfacción hacia la vida no parecen aumentar..
Primero que nada, cabe aclarar que el estudio analizó dos distintos tipos de sentimientos. El primero, cómo nos sentimos en nuestro día a día (felices, aburridos, tristes, enojados, estresados), y el segundo, qué tan felices o deprimidos nos sentimos con respecto a nuestra vida. Esta última era la que aumentaba cuando se incrementaba el nivel de ingresos..
Así, por ejemplo, el 51% de las personas que ganaban menos de $1,000 dólares al mes reportaron haberse sentido deprimidas o tristes el día anterior, mientras que ese porcentaje se reducía a poco más del 20% en personas que ganaban $3,000 dólares al mes..
La explicación podría encontrarse en el hecho de que, una vez que puedes costearte lo que deseas y más, el dinero deja de ser un problema y puedes preocuparte por hacer o comprar cosas que te hagan sentir bien..
Por supuesto, esta cifra cambia en función de donde vivas. Así, por ejemplo, para un residente de Nueva York el umbral en el que el dinero deja de proporcionar felicidad está en los $163,000 dólares al año, mientras que en Pueblo, Colorado, este se ubica en $62,000 dólares..

Comprarte cosas es bueno, pero comprarle cosas a los demás te hace más feliz
Michael Norton, profesor de la Escuela de Negocios de la Universidad de Harvard, reveló los últimos estudios respecto a cómo el dinero gastado en las demás personas te hace más feliz que cuando lo gastas en ti mismo..
Así, realizó un experimento bastante sencillo, en el que le dio a los participantes 5 dólares y le pidió a una mitad que lo gastarán en algo para ellos mismos y a la otra mitad que lo gastarán en alguien más. El resultado, por unanimidad, era que aquellas personas que lo gastaban en los demás se sentían mucho más felices que aquellas que no lo habían hecho..
El efecto fue el mismo tanto en Uganda como en Canadá, ambos lugares en donde se realizó el experimento, obteniendo exactamente los mismos resultados..
Así que ya lo sabes, la próxima vez que no tengas en qué gastar, prueba invitarle un trago a un amigo o comprarle un pequeño detalle a alguien de tu familia. Quizás podrías sentirte más satisfecho de lo que creías..
Como el propio Michael Norton lo menciona, "si crees que el dinero no compra la felicidad, entonces no lo estás gastando bien".

fuente: http://www.ojocientifico.com/3870/el-dinero-no-compra-la-felicidad-lo-que-la-ciencia-tiene-que-decir

viernes, 3 de agosto de 2012

El cerebro y la felicidad

¿Está nuestro cerebro diseñado para la felicidad?
Francisco Mora


Obra de la artista Yayoi Kusama


Acabo de publicar un libro sobre la felicidad que es la contestación a esa pregunta. Y la respuesta, desafiante y apretada, es que no. Nuestro cerebro, producto de muchos cientos de millones de años de evolución biológica y construido a golpes de azar y determinantes ambientales, solo contiene un diseño máximo y es aquel de la supervivencia. Puede doler admitirlo pero es lo que hay. La ley suprema del funcionamiento del cerebro es la de mantenernos vivos. Y eso, en su esencia, implica lucha, dolor, desazón y sufrimiento. Y esa realidad golpea inmisericorde, y de modo constante, la vida humana.
El diseño del funcionamiento del cerebro lo deja bastante claro. Toda interacción con el mundo, toda lucha por la consecución de algo, conlleva placer o dolor y eso nos aleja de la felicidad. Y eso se debe a que todo cuanto vemos, tocamos, oímos u olemos o gustamos es filtrado, antes de alcanzar la conciencia y la construcción del pensamiento, por nuestro cerebro emocional, en donde a esa información sensorial se le da la impronta de bueno o malo, de placentero o doloroso. Y ese marchamo es el centro y el origen de la infelicidad y el sufrimiento.
La felicidad no es más que una idea sin más existencia que la que puede tener un sueño. Una idea, sin embargo, que impregna toda la conducta humana desde los tiempos del pensamiento mágico y lo sobrenatural, hasta ahora mismo que estamos entrando más de lleno en el pensamiento llamado crítico. Una idea si se quiere, eso es cierto, universal, como bien pudiera pensarse que es la idea de Dios, pues ambas vienen impregnadas de profundas emociones y sentimientos. Pero frente a la idea de Dios, que no es verdaderamente universal, sí lo es en cambio la idea de felicidad. A la felicidad aspira todo el mundo, independientemente de raza, cultura, pensamiento, sociedad o lugar escondido del planeta. Todo el mundo, sin excepción alguna aspira, de un modo u otro, a huir del sufrimiento y abrazar la felicidad y construir su vida alrededor de esa idea. No es así para la idea de Dios en donde dos tercios de la humanidad, buscando y aspirando a ser verdadera y humanamente feliz, no aspira, ni tiene ninguna necesidad de un Dios que casi siempre instrumenta alguien o muchos para su propio beneficio. La felicidad es posiblemente la única idea, la única palabra, verdaderamente universal.
Cualquiera entendería que la felicidad, entendida como esa aspiración de los budistas, en donde al final se extingue todo sufrimiento y dolor ante el mundo no es humano, pues ni aun el mismo Buda debió alcanzarla completamente dado que algo de frustración debió quedar enterrada en los entresijos profundos de su cerebro cuando para lograr su propia felicidad abandonó a su propio hijo. Es así que la felicidad se convierte en una búsqueda y un peregrinaje constante sin que nadie haya alcanzado a encontrar lo que buscaba. La felicidad de este modo, la felicidad humana, queda reducida a "momentos", a "parpadeos" de felicidad. A un vuelo fugaz como aquellos que a veces se experimentan si te encuentras con casi todas las necesidades satisfechas, lejos del dolor, el miedo, las angustias y ambiciones y aún lejos de tu propio yo (centro de toda infelicidad) que por segundos puede quedar diluido en el entorno. Esos segundos sí serían segundos de felicidad. Segundos como aquellos que señaló Miguel Delibes cuando dijo que "la felicidad no existe y a lo mucho que se llega, a lo largo de la vida, es a briznas de dicha que se deshacen como las pompas de jabón".
La vida humana es pues, y de modo nuclear, lucha, actividad, curiosidad, un hacer constante el mundo, lo que implica infelicidad. La infelicidad, así entendida, es intrínseca a la vida humana. La felicidad, por el contrario no lo es. Y es curioso el que la verdadera idea de felicidad, su consecución, reside precisamente en el sufrimiento. El sufrimiento se convierte así en un motor, una catapulta, una energía que nos mueve para intentar alcanzar algún parpadeo de felicidad. Una aspiración humana a la que solo aquellos que se bastan a sí mismo son capaces de aproximarse más largamente. Una aspiración a la que debe aplicarse una regla de oro que es aquella de no pretender conseguir nunca felicidad, si esta es a costa de la felicidad de los demás. Y una paradoja añadida. Esos parpadeos de felicidad que llega a disfrutar el hombre de hoy, y no un galeote en otros tiempos, se deben precisamente al esfuerzo de hombres infelices, inquietos, con desazón y lucha constante por cambiar el mundo.
Dijo Umberto Eco una vez que "aquellos que aspiran a ser felices de modo constante (aquí o en otro mundo) son unos cretinos". Y esto nos lleva a que si queremos ser "humanamente felices" hay que desengancharse de ese imposible que es la felicidad permanente. Y aun todavía más alejarse de ese otro imposible religioso de encontrar la felicidad más allá de nuestro mundo vivo, telúrico. La verdadera felicidad humana, esos parpadeos de felicidad "humanos", solo son posibles aquí y ahora en este mundo y aun en briega constante con el mismo sufrimiento pues "la vida vale la pena vivirla incluso cuando todo lo malo nos llega a manos llenas y lo bueno es tan poco y escaso que no compensa" (Thomas Nagel). De esto último fue ejemplo vivo otro filósofo Ludwig Wittgenstein quien siendo un ser irascible y melancólico casi toda su vida y en su lecho de muerte, solo y ante su casera, dijo algo así como "Dígales que ha sido maravilloso".

Fuente: http://www.huffingtonpost.es/francisco-mora/cerebro-felicidad_b_1564545.html

viernes, 13 de julio de 2012

viernes, 22 de junio de 2012

"Mantén tu rostro hacia la luz del sol y no verás la sombra"

Deseándoles un muy feliz fin de semana, compartimos esta frase de la célebre escritora y activista sordociega Hellen Keller, un ejemplo de determinación y coraje: "Mantén tu rostro hacia la luz del sol y no verás la sombra".

martes, 19 de junio de 2012

La economía de la felicidad

"Hace 40 años, el joven y flamante cuarto rey de Bután hizo una elección notable: Bután debía perseguir la "felicidad nacional bruta" (FNB) en lugar del producto interno bruto (PIB). Desde entonces, el país ha experimentado una estrategia alternativa y holística para el desarrollo que hace hincapié no solo en el crecimiento económico, sino también en la cultura, la salud mental, la compasión y la comunidad."

Aquí el artículo completo: http://elpais.com/diario/2011/09/04/negocio/1315142067_850215.html

lunes, 4 de junio de 2012

Un algoritmo para detectar sonrisas falsas

El software es capaz de diferenciar con gran precisión entre una sonrisa de felicidad o de frustración. Investigadores del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT), en Estados Unidos, han desarrollado un programa informático para reconocer sonrisas naturales y fingidas, que supera al observador humano en la identificación de la sonrisa por frustración. Para ello, el sistema se vale de un algoritmo que realiza un seguimiento de los movimientos efectuados por los músculos que intervienen en las expresiones faciales, diferentes en los gestos espontáneos, con respecto a los gestos forzados. Esta tecnología podría aplicarse en la formación de niños con autismo.
Por Patricia Pérez.


La psicología que se esconde tras el acto de sonreír es muy compleja, sobre todo cuando se hace con el fin de ocultar o falsear algo. La simulación además no resulta nada sencilla, lo que pone de manifiesto la dificultad que entraña cuando no se siente la emoción correspondiente.
A pesar de ello, existen grandes actores en este campo, cuyas expresiones pueden pasar como verdaderas ante los ojos humanos, pero no ante una máquina convenientemente adiestrada.
Así lo ha comprobado un equipo de investigadores del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT) en Estados Unidos, que ha llevado a cabo un estudio de seguimiento con un grupo de voluntarios para poner a prueba un sistema automatizado capaz de distinguir entre aquellas sonrisas generadas de forma espontánea y natural frente a expresiones falsas o forzadas.
Según explica el MIT en un comunicado, la investigación confirmó además que la mayoría de la gente no espera una sonrisa en respuesta a la frustración, al tratarse de una expresión involuntaria. De esta forma, el nuevo algoritmo permite diferenciar las sonrisas de alegría de las causadas por frustración con mucha mayor precisión que los observadores humanos.
“El objetivo es ayudar a las personas en la comunicación oral”, subraya Ehsan Hoque, estudiante del Grupo de Computación Afectiva del Laboratorio de Medios del MIT, y autor principal de la investigación, cuyos hallazgos se han publicado recientemente en la revista IEEE Transactions on Affective Computing.
Situación real versus forzada
 Los científicos crearon dos casos experimentales para provocar dos estados afectivos opuestos: frustración y alegría. Así, en el primer experimento se pidió a los participantes que recordaran situaciones mientras manifestaban su alegría o frustración, mientras que en el segundo intentaron provocar estos estados de forma natural. Todo ello mientras eran grabados con una cámara web.
Por un lado, los sujetos debían rellenar un largo formulario por Internet, el cual se borraba automáticamente cuando pulsaban la tecla de enviar. La mayoría (el 90 por ciento) sonrió con frustración ante esta situación, pero cuando se le pidió adoptar una expresión de fiasco, el mismo porcentaje no sonrió. Del mismo modo, estudiaron las sonrisas de felicidad producidas cuando se mostró a los sujetos un vídeo muy tierno de un bebé, y también las que adoptaron sin una provocación emocional.
A estos mismos voluntarios se les pidió posteriormente que interpretaran imágenes de gente sonriendo realmente o fingiendo una sonrisa de alegría o frustración. Mientras su clasificación de las sonrisas por frustración fue más bien fruto del azar, se obtuvo un 92 por ciento de precisión a través del algoritmo. Esto es precisamente lo que diferencia esta investigación de estudios anteriores, basados normalmente en expresiones de emoción fingidas, lo que puede inducir a resultados erróneos.
“Los casos simulados son mucho más fácil de clasificar, pero cuando se trata de interpretar imágenes de respuestas reales, la gente tiende a responder al azar, estimando las correctas sólo en el 50 por ciento de los casos”, apunta Hoque. El mismo vincula la efectividad o mejor rendimiento de la máquina con que ésta se centra exclusivamente en los rasgos mecánicos de la sonrisa, mientras el hombre tiende a prestar atención a otras señales.
Cuestión de músculos
 El algoritmo desarrollado por los investigadores del MIT hace un seguimiento de los movimientos que realizan los músculos que producen las expresiones faciales y los cuantifican mediante un registro denominado Sistema de Codificación de Acción Facial (FACS, por las siglas en inglés).
El FACS se desarrolló en la década de 1970 y se ha convertido en el sistema más utilizado tanto en aplicaciones de reconocimiento facial como por gente que necesita entender los comportamientos faciales. Para su uso, los investigadores descomponen la expresión en “unidades de acción”, añadiendo también cualquier asimetría, así como la intensidad y la duración del gesto en cuestión.
En el caso de las sonrisas simuladas son fácilmente identificables porque se usa únicamente el músculo cigomático mayor, que es el que tira de las comisuras de los labios hacia atrás y levanta las mejillas, el cual podemos contraer voluntariamente. Por el contrario, en sonrisas genuinas o espontáneas, (conocidas como sonrisas de Duchenne en honor al neurólogo francés que las identificó en 1862) actúa además el orbicular de los ojos que se tensa de forma involuntaria, tirando hacia abajo de las cejas y hacia arriba de la mejillas, produciendo unas arrugas alrededor de los párpados.
En un primer momento, a través de las imágenes fijas, los investigadores encontraron pocas diferencias entre las sonrisas naturales por frustración o de alegría, pero el análisis del vídeo mostró que la progresión de ambas expresiones fue muy diferente. A menudo, las sonrisas causadas por felicidad aparecen gradualmente, mientras las originadas por un infortunio surgen y se desvanecen rápidamente.
Comprender las sutilezas que revelan las emociones subyacentes es precisamente uno de los objetivos de esta investigación, según sus artífices. “A las personas con autismo se les enseña que una sonrisa significa que alguien es feliz”, apunta Hoque, pero la investigación demuestra que no es tan simple.
Por ejemplo, el ex primer ministro británico Gordon Brown está considerado como una persona con una sonrisa falsa, debido en gran parte a la “coordinación antinatural de su gesto”, en palabras de Hoque. También cita al ex candidato a la presidencia de EEUU Herman Cain, quien ofrecía en una campaña publicitaria una sonrisa que aparecía muy lentamente -tardaba nueve segundos en formarse-por lo que fue muy parodiado. “Conseguir la coordinación exacta es muy importante si quiere que sus sonrisas sean percibidas como sinceras y genuinas”, subraya el investigador.

Aplicaciones
 Jeffrey Cohn, profesor de Psicología en la Universidad de Pittsburgh que no participó en esta investigación, señala que este trabajo “abre un nuevo camino por su enfoque sobre la frustración, una experiencia humana fundamental. Mientras que algunos investigadores habían identificado la sonrisa en el contexto de las expresiones de dolor, el grupo del MIT puede ser el primero en implicarlas con expresiones o emociones negativas”.
Para el profesor, se trata de un trabajo “muy interesante en la ciencia computacional relativa al comportamiento que integra la psicología, la visión artificial, el procesamiento del habla y el aprendizaje automatizado para generar nuevos conocimientos con implicaciones clínicas”. Al igual que los autores del estudio destaca su papel “recordatorio” de que no todas las sonrisas son positivas. “Ha habido una tendencia a leer disfrute cada vez que se encuentra una sonrisa. Para la interacción hombre-ordenador, entre otros campos y aplicaciones, se necesita una visión más matizada”, añade.
No es de extrañar por tanto que esta herramienta pueda utilizarse en la formación de niños con autismo, personas que tienen dificultad con las expresiones, para que puedan identificar los tipos de sonrisas. También puede ser de interés para los comerciantes. “El hecho de que un cliente esté sonriendo, no significa necesariamente que esté satisfecho”, advierte Hoque, y conocer la diferencia podría ser importante para valorar la mejor manera de responderle. “El significado subyacente que se esconde tras la sonrisa es fundamental”, insiste.
Igualmente podría aplicarse a la programación de ordenadores, para que respondieran de forma apropiada a cada estado de ánimo de los usuarios. Precisamente uno de los objetivos de la investigación del Grupo de Computación Afectiva es “crear un equipo más inteligente y respetuoso”, según Hoque.