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domingo, 12 de mayo de 2013

Los idiomas y la genética


Los lingüistas se inspiran en la genética para sondear la evolución del habla durante 15.000 años. El idioma común también estaría en el origen del vasco y del chino, según los expertos.
Por Javier Sampedro 
La construcción de la Torre de Babel. Hendrick III van Cleve - c.1500

Los lingüistas están siguiendo estrechamente los pasos de sus colegas los biólogos evolutivos para reconstruir el pasado del lenguaje humano, la forma en que una hipotética habla ancestral fue ramificándose de manera incesante hasta producir la babel actual de 5.000 idiomas irreconciliables. Investigadores británicos y neozelandeses han hallado ahora sólidas evidencias de que todas las lenguas habladas actualmente en Europa y Asia, desde Lisboa a Pekín, provienen de una sola que se habló en el Mediterráneo hace unos 15.000 años, cuando la última glaciación empezó a remitir y las nuevas tierras emergidas del hielo perpetuo comenzaron a trazar las sendas que conectaron el gigantesco continente entero.
La primera teoría evolutiva, de hecho, precedió a Darwin en tres cuartos de siglo y no se refería a las especies biológicas, sino a los lenguajes. La formuló el jurista británico sir William Jones en 1787, en un discurso pronunciado ante la Sociedad Asiática de Bengala, y proponía que el sánscrito, el griego, el latín, el gótico, el persa y el celta provenían de un tronco común por divergencias sucesivas; nació así lo que hoy llamamos la familia lingüística indoeuropea, que seguramente hunde sus raíces en los primitivos asentamientos neolíticos que inventaron la agricultura en Oriente Próximo hace unos 10.000 años. La lengua eurasiática recién propuesta sería aún más antigua, de hace unos 15.000 años, y extendería su abrazo a lenguas no indoeuropeas como el chino o el vasco.
Al igual que los evolucionistas reconstruyen el pasado de las especies comparando genes de las especies actuales, Mar Pagel, Quentin Atkinson y sus colegas de las universidades de Reading (Reino Unido) y Auckland (Nueva Zelanda) han descubierto el eurasiático ancestral comparando palabras de las que se hablan en todo el continente actualmente. Esto no es nuevo para la lingüística. El problema para las reconstrucciones de largo alcance es que, según el conocimiento recibido en lingüística, las palabras cambian demasiado deprisa como para dejar trazas de su ancestro común más allá de unos 5.000 años.
La mayor aportación del nuevo estudio, presentado en Proceedings of the Nacional Academy of Sciences, es haber mostrado que, aun cuando eso sea cierto para la inmensa mayoría de las palabras, hay unos cuantos términos mucho más refractarios al cambio. Estas palabras ultraconservadas –que también tienen su equivalente directo en las secuencias ultraconservadas de los genomas biológicos— incluyen los numerales (los nombres de los números) y otros ingredientes del ‘metabolismo central’ de la gramática del tipo de yo, tú, aquí, como, no, allí y qué.
Los investigadores también han conseguido unas reglas que les ayudarán a encontrar el conjunto de palabras ultraconservadas más útiles en estudios futuros de otras lenguas. Como norma general, las palabras que aparecen en el habla común con una frecuencia mayor del uno por mil tienen entre 7 y diez veces más probabilidades que las demás de aguantar intactas, o al menos reconocibles, durante 10.000 o 15.000 años.
“Nuestros resultados”, dicen Pagel y sus colegas, “indican una considerable fidelidad de transmisión para algunas palabras, y ofrecen una justificación teórica para investigar características del lenguaje que pueden preservarse por grandes lapsos de tiempo y extensiones geográficas”. Los científicos no solo han comprobado este principio en las lenguas indoeuropeas, sino también entre los hablantes de las familias uránicas, chino-tibetanas, altaicas, austronésicas y el sistema Níger-Congo.
Las secuencias genéticas más refractarias al cambio a lo largo de las eras geológicas representan a menudo ‘interfaces’ de una molécula (por ejemplo, cierta zona de una proteína) que interactúan con tantos ‘partners’ que cualquier ligero cambio en la secuencia causaría un auténtico desmoronamiento de un amplio número de sistemas biológicos. Las palabras más frecuentes en el habla parecen ser su equivalente lingüístico, lo que puede bastar para explicar su resistencia al cambio. Sea como fuere, los lingüistas ya disponen de un juego de ‘genes’ ultraconservados para analizar la noche de los tiempos.

Fuente: http://sociedad.elpais.com/sociedad/2013/05/07/actualidad/1367950892_304674.html

viernes, 5 de octubre de 2012

¿Destinados a consumir?

¿Nacemos con una predisposición al consumo?
¿O, por el contrario, forma parte de nuestro aprendizaje
y adaptación al medio?
 
 

Según las investigaciones más recientes, se ha descubierto que antes de nacer, en el útero de nuestra madre, ya empezamos a relacionarnos con las marcas y a identificar determinadas melodías de los slogans publicitarios.
Dichas investigaciones han determinado que un feto en desarrollo también es capaz de oír una gama de sonidos mucho más amplia procedente del exterior del cuerpo materno en contraposición de la opinión que se tenía hasta hoy en día de que los sonidos corporales de la madre silenciaban todos los ruidos externos.
Los futuros bebes no solo pueden escuchar la música desde el interior del útero, si no que esta, les deja una potente y duradera impresión que puede determinar sus gustos de adultos.
Minna Houtilainen, investigadora del Collegium for Advanced Studies, (Universidad de Helsinki), afirma que: "La música es muy potente a la hora de reproducir recuerdos fetales, y que este desarrollará de manera automática la misma preferencia musical que su progenitora".
Otros estudios confirman que los recién nacidos mostraban una preferencia por un tema musical televisivo (cuanto más sencillo y repetitivo mejor) que durante el embarazo sus madres escuchaban con frecuencia.
Y resulta, que al igual que con la música, en el útero también desarrollamos preferencias por gustos y sabores concretos. Así lo confirman estudios realizados con madres embarazadas y fetos en la que se concluyo que la dieta de una madre, no solo sensibiliza al feto a las fragancias y sabores, si no que transforma físicamente el cerebro del feto, influyendo así en lo que el bebé consumirá en el futuro.
¿Y esto como se traduce llevado a la práctica?
El ejemplo de Kopiko, puede ser muy ilustrativo. Kopiko es una famosa y exitosa marca de caramelos filipina. Estos pueden encontrarse en cualquier tienda de cualquier ciudad de Filipinas.
Ellos ya han encontrado la manera de ganarse los paladares de los futuros bebés. Kopiko suministra caramelos a los pediatras y médicos para que los regalaran en las salas de maternidad.
¿El motivo? El inminente lanzamiento de un nuevo producto, café que tenía el mismo sabor que los caramelos. El éxito de Kopiko con el lanzamiento de su café fue extraordinario, a pesar de que los niños no suelen tener mayor interés por este sabor, pero lo adoraban.
Cuando las madres que habían comido los caramelos de Kopiko, les daban una pequeña dosis de café a sus alborotados y revoltosos bebés, estos se calmaban al instante.
Kopiko, es hoy, la tercera marca más importante de Filipinas. Y ha creado una generación entera de fieles consumidores.
Los adultos seguimos aferrándonos a las marcas que nos gustaban de niños. Así lo confirma un estudio realizado por SIS International Research, para analizar como nuestras preferencias de la infancia determinan nuestros hábitos de compra de adulto.
En la investigación, realizada con 2035 niños y adultos, se concluyó que el 53% de los adultos y el 56% de los adolescentes utilizan marcas que recuerdan de su infancia.
Imaginaros la importancia que tiene esto a largo plazo. Más de la mitad de las marcas con las cuales no hemos tenido contacto en nuestros primeros años de vida, quedan descartadas para siempre.
Por ello, las marcas trabajan con los niños, para asegurarse su lealtad de por vida. Para los anunciantes, los niños menores de tres años suponen un mercado de 20.000 millones de dólares. A los tres meses, el 40% de los bebés ven habitualmente algún medio en pantalla ya a los 6 meses, ya son capaces de formar imágenes mentales con logos y mascotas corporativos. No se trata solo de que los niños conozcan los nombres de las marcas o las reconozcan. Se está empezando a crear preferencias por ellas.
Según Juliet Schor, autora de Born to Buy, los niños que pueden reconocer logos a los 18 meses, además de crecer prefiriendo esas marcas, crecerán pensando que estas corresponden a sus cualidades personales.A partir de todo esto, cada marca establece sus propias estrategias para llegar a estos niños, posicionarse (recordemos que el posicionamiento es el lugar mental que ocupa un producto o servicio en nuestra mente), y comenzar a fidelizarlos desde tan temprana edad.
Una de las herramientas más utilizadas son los anuncios camuflados como entretenimiento. Juegos multimedia, concursos en línea y aplicaciones específicas para móviles, son algunas de ellas para establecer vínculos estrechos con los consumidores más jóvenes.
Marcas de automóviles como Porsche, que ya están haciendo publicidad directamente para niños, o como Audi y sus ositos de peluche, Mercedes con los juguetes para niños y bebés, empiezan a relacionarse con sus futuros clientes de una manera sutil. Al fin y al cabo, ¿Qué tiene de malo comprar el osito de Audi a un niño? ¿O un cochecito eléctrico Mercedes?
Mientras más jóvenes comenzamos a usar una marca, es más probable que la sigamos usando en el futuro. Esto lo sabe bien Guillette, quien descubrió que cuando un chico ha probado una de sus cuchillas dos veces, existe un 92% de probabilidades de que la siga usando. A partir de ahí, establece toda una campaña para que no se le escape ninguno de esos futuros clientes.
A menudo, las marcas que usamos de adultos, se debe a la nostalgia arraigada en nuestras mentes, de manera que el empleo de las mismas sea una manera de reconectar con nuestro pasado y seres queridos. De eso se encargan los vendedores, de reforzar ese vínculo de manera sutil pero efectiva.
¿Quién no recuerda el famoso anuncio de "Vuelve a casa por Navidad"?
La transmisión de la influencia, uno de los persuasores ocultos, no ocurre por casualidad. Las marcas se encargan de que esta se produzca de manera efectiva. De que la transmitamos a nuestros hijos y forma parte de su estrategia.
Por ello, cada vez más marcas de adultos, tiene su versión (división) para los más pequeños, incluso para bebés, como el caso de Harley Davidson y sus bodys para bebés.
Después de todo esto, ¿serías capaz de decirme cual de las marcas que usas a diario es porque la has elegido exclusivamente tú? Yo no.

fuente: http://www.puromarketing.com/44/14157/nacemos-predestinados-consumir.html

viernes, 24 de agosto de 2012

¿La inteligencia se hereda?

La inteligencia se hereda,
siempre y cuando la familia no sea pobre
Por MATT RIDLEY
 

Actualmente, no hay duda de que la inteligencia se hereda: es más probable que los adultos inteligentes tengan hijos inteligentes. Sin embargo, en los años 70, sugerir que el coeficiente intelectual (CI) podía heredarse era una herejía intelectual, que podía castigarse con el equivalente a la hoguera.
Más que cualquier otra evidencia, fue el estudio de gemelos lo que produjo el cambio. Born together—Reared Apart (algo así como Nacidos juntos, criados por separado), un nuevo libro de Nancy L. Segal sobre el Estudio Minnesota de Gemelos Criados por Separado (Mistra, por sus siglas en inglés), narra la historia del cambio. En 1979, Thomas Bouchard de la Universidad de Minnesota leyó un informe en un periódico sobre gemelos del estado de Ohio, que tras ser separados al nacer habían sido reunidos. Resultó que ambos poseían hábitos misteriosamente similares. Bouchard comenzó a reunir historias clínicas de gemelos criados por separado y a invitarlos a Minneapolis para estudiarlos.
Para 1990, Segal y otros médicos estaban listos para publicar sus resultados en la revista Science. Para entonces habían medido el CI de 48 pares de mellizos o gemelos criados por separado y 40 pares de mellizos o gemelos criados juntos. Los primeros eran 69% similares en CI, comparado con 88% en el caso de los segundos, en ambos casos una semejanza mucho mayor que para cualquier otro par de individuos, incluso hermanos. Otras variables además de la genética, como posesiones materiales en el hogar, tenían poca influencia, y tampoco importaba el grado de contacto social entre los hermanos en cada par asociado con su similitud en CI.
El ensayo atrajo abundantes críticas, y durante años hubo una silenciosa campaña para desacreditar el estudio Mistra al afirmar que se basaba en anécdotas, que subestimaba el contacto entre gemelos, que no tomaba en cuenta una tendencia que tienen los mellizos reunidos a exagerar sus similitudes o asumía muy poca semejanza entre las familias que adoptaron a los gemelos.
Sin embargo, como afirma Segal, los científicos del Mistra fueron meticulosos al abordar estos y otros puntos.
Hoy, un tercio de un siglo después de que comenzara el estudio y cuando otras investigaciones de gemelos reunidos llegaron a la misma conclusión, las cifras son sorprendentes. Los gemelos idénticos criados por separado son más similares en CI (74%) que los gemelos no idénticos criados juntos (60%) y mucho más que pares de padres e hijos (42%); medio hermanos (31%); hermanos adoptivos (29%-34%); gemelos virtuales, o niños de edad similar pero sin relación familiar que fueron criados juntos (28%); pares de padres e hijos adoptivos (19%), y primos (15%). Nada más que los genes puede explicar esta jerarquía.
Pero, como aceptan tanto Bouchard y Segal, la alta incidencia en la inteligencia heredada se aplica principalmente a familias no pobres. Críe a un niño hambriento o enfermo y el ambiente sí afecta el CI.


Copyright 2012 Dow Jones & Company, Inc. All Rights Reserved
fuente: http://online.wsj.com/article/SB10001424052702304211804577500850176711364.html?mod=WSJS_vida_LeftTop

lunes, 13 de agosto de 2012

Los superatletas tienen "supergenética"

Los atletas nacen y se hacen. Los superatletas nacen. Cada vez son más los estudios que demuestran cómo a los mejores deportistas les ha tocado una herencia genética distinta a los demás. Con los avances en terapias génicas, los especialistas se plantean si el resto de atletas tendrá que modificar su genoma para poder competir en igualdad de condiciones, algo actualmente no permitido por las autoridades deportivas.   

Alvin Ailey Dance. Foto: Mattew O´Hara


Un dato: la mitad de los atletas euroasiáticos y el 85% de los africanos cuenta con al menos una copia del alelo 577R, una variante del gen ACTN3, tal y como recuerda un artículo publicado en la revista Nature. O, por ejemplo –dejando a un lado a la élite olímpica– el 94% de los sherpas del valle de Katmandú, en Nepal, cuenta con la variante I del gen ACE, que favorece la escalada de alta montaña.
Esto no significa que las duras sesiones de entrenamiento no sirvan para nada, pero indica que hay individuos que lo tienen más fácil para pulverizar récords que el resto.
Los métodos de entrenamiento te hacen mejorar pero, como todo el mundo entrena de la misma forma, se ha comprobado que aquellos que son superiores al resto cuentan con un conjunto de variantes genéticas –mutaciones beneficiosas– que muy pocos atletas presentan”, ha explicado a SINC Steve Gullans, director general de Excel Venture Management de Boston (Estados Unidos) y coautor del artículo de Nature.
Además del conocido gen ACTN3, otros tantos –más de 200 variantes genéticas– marcan la diferencia. Y eso sin contar los que aún se desconocen. Gracias a las técnicas de secuenciación del ADN, los científicos van a poder descubrir las variantes más raras, algunas exclusivas de un único individuo.
En opinión de Gullans, los atletas recurrirán a la secuenciación de su genoma cuando la técnica sea más asequible y se haya creado una especie de base de datos con las claves genéticas que potencian las destrezas atléticas. “Hoy en día, solo serviría como una guía”, puntualiza.
No obstante, siempre hay excepciones. El madrileño Jesús Oliván, un atleta de salto de longitud de los años ‘90, contaba con una deficiencia en el gen ACTN3. Aun así, a los 16 años consiguió el mismo registro que Carl Lewis a su edad.
Compitió en dos olimpiadas y en varios campeonatos europeos y mundiales de atletismo. Los expertos creen que otros factores –desconocidos por el momento– explicarían su alto rendimiento.

El dopaje, también genético
En vista de que la naturaleza no trata igual a todos los deportistas, la duda está en si los juegos olímpicos, tal y como los conocemos hoy, premian una genética envidiable más que el esfuerzo físico y la capacidad de superación.
En este sentido, Gullans pronostica que las olimpiadas podrían evolucionar hacia tres escenarios. Uno de ellos, como ocurre ahora, es que ganen los mejores, aunque tengan ventajas en su mapa genético.
Otro segundo escenario sería dar ventaja a aquellos deportistas que no cuenten con una combinación genética especial y, el tercero, que estos atletas utilicen ciertas terapias para igualar a los mejores, algo completamente prohibido en la actualidad.
“La terapia génica se puede usar para cambiar la composición de los genes de un individuo añadiendo uno nuevo al cuerpo. Por ejemplo, podrías añadir un gen que fabrique EPO –eritropoyetina– y eso haría que el individuo produjera más glóbulos rojos”, comenta el experto. Un incremento de los glóbulos rojos aumenta la cantidad de oxígeno que la sangre transporta a los músculos del cuerpo. La Agencia Mundial Antidopaje (WADA, por sus siglas en inglés) prohíbe su utilización.
El dopaje genético es una de las amenazas a las que se enfrentan olimpiadas y campeonatos internacionales y no siempre es fácil de identificar. La tecnología ha llegado a tales niveles que los atletas que quieren alterar su mapa genético necesitan la ayuda de los expertos. Por eso, los controles no deben centrarse solo en los deportistas.
“Las mejoras genéticas deberían evaluarse caso por caso y la responsabilidad debería recaer en los médicos de los deportistas, que se ocupan de la administración segura y de vigilar la salud de los atletas”, ha señalado Julian Savulescu, profesor de Ética Práctica de la Universidad de Oxford (Reino Unido), en el congreso ESOF 2012 de Dublín (Irlanda).

Los controvertidos test de género
A pesar de que los controles antidopaje cada vez son más exhaustivos, los expertos dudan de que puedan detectar si una variante genética es natural o ha sido introducida. Algo similar ocurrió con los test de verificación de género que empezaron a desarrollarse en los años ‘60 para evitar que atletas masculinos compitieran en pruebas femeninas.
De las cerca de 10.000 mujeres que tuvieron que pasarlos mientras estuvieron vigentes –entre 1966 y 1998– no se detectó ningún caso de fraude, tal y como revela un estudio publicado en la revista Canadian Bulletin of Medical History.
“En general, no creo que los test fueran necesarios porque no había hombres que se hicieran pasar por mujeres”, ha declarado a SINC James L. Rupert, investigador del Laboratorio GRIP-Cinética humana de la Universidad de British Columbia (Canadá) y autor del estudio.
A pesar de que las pruebas fueron mejorando a lo largo de los años –de simples controles visuales a complejos test moleculares– seguían presentando errores, en especial falsos positivos, con repercusiones sociales muy negativas para la atleta en cuestión. “Los encargados de llevar a cabo las pruebas no estaban preparados para tratar adecuadamente a todas las mujeres, como por ejemplo aquellas que sufrían el síndrome de insensibilidad androgénica –feminización testicular–, que se veían perjudicadas cuando los resultados se filtraban”, reconoce Rupert.
En las olimpiadas de Barcelona ’92 se empezaron a tener en cuenta los aspectos psicológicos del género y, unos años más tarde, en 1999, finalmente se dieron por concluidos estos controles. “La biología no siempre es blanco o negro. Variantes genéticas poco comunes pueden conferir los rasgos biológicos de una persona que parece desafiar a su género”, matiza Gullans.
En la actualidad, la Asociación Internacional de Federaciones de Atletismo (IAAF por sus siglas en inglés) solo analiza de forma individual casos denunciados por otros atletas, cuando hay sospechas en un control antidopaje o si a una federación nacional le llega una queja. Uno de estos casos fue el de la atleta sudafricana Caster Semenya.
Ganadora del oro de los 800 metros lisos en el Campeonato Mundial de Atletismo de Berlín de 2009, otras corredoras pidieron al IAAF que verificara su sexo. Fueron los medios de comunicación los que publicaron que los altos niveles de testosterona de la atleta se debían a una feminización testicular, algo que no quiso ni confirmar ni desmentir el organismo.
En 2010, el IAAF finalmente aceptó las conclusiones de un grupo de expertos médicos y permitió que Semenya siguiera compitiendo en las categorías femeninas, conservando todos sus galardones. Pero el juicio público ya estaba hecho. “La historia jamás debió haberse hecho pública. Semenya sufrió una vergüenza innecesaria”, se lamenta Rupert.

Virilización en menores
Lo que se mantuvo durante muchos años en secreto fue la virilización que llevaron a cabo médicos y científicos de la Alemania del Este (la antigua República Democrática Alemana) en jóvenes atletas. A las deportistas, muchas veces niñas, que participaban en durísimos programas de entrenamiento, les suministraban fármacos experimentales y andrógenos –hormonas sexuales masculinas–. Así mejoraban su rendimiento deportivo.
Si un corredor, en su infancia, sufre anemia falciforme y se cura gracias a terapia génica, ¿no puede correr en los juegos? El antiguo atleta y entrenador Werner W. Franke denunció estas prácticas en un conocido estudio. Franke, hoy profesor del Centro Alemán de Investigación del Cáncer, aseguró durante el foro ESOF 2012 que este tipo de prácticas siguen produciéndose.
Testosterona de origen animal y controlada bioquímicamente, hormonas de crecimiento, tratamientos con ‘polvos rojos’ –una mezcla de enzimas– o fármacos de dopaje miméticos son algunos de los ejemplos. “Hay que enfatizar que todos estos métodos son ilegales”, subrayó Franke.
Parece claro que en personas sanas que intentan mejorar su rendimiento físico con prácticas prohibidas, las autoridades deben intervenir. La duda surge con otro tipo de cuestiones. Si un corredor, en su infancia, sufre anemia falciforme –enfermedad hereditaria en la sangre– y se cura gracias a terapia génica, ¿no puede correr en los juegos? ¿Y si sufre una mutación genética hereditaria que dispara los valores considerados normales? No hay que olvidar que “la terapia génica funciona en humanos para curar enfermedades”, recalca Gullans.
Por lo tanto, no le resulta descabellado pensar que, en un periodo de tiempo, cuando sea mayor el conocimiento sobre los genes y la seguridad de las terapias, los organismos deportivos tendrán que contemplar que habrá un grupo de atletas cuyo genoma ha sido alterado y decidir si permiten que participen o no.

Del árbol al supermercado en una carrera
Al margen de prácticas ilegales y de una herencia genética más o menos afortunada, lo que todo ser humano comparte es que ha nacido para correr. No hay más que mirar a nuestros ancestros.
El Homo sapiens consiguió evolucionar de los simios que vivían en los árboles para convertirse en un vigoroso atleta. Aunque aquí entra en juego el actual ritmo de vida sedentario. “La mayoría de los seres humanos de hoy no vive en un medio en el que tenga que hacer un ejercicio regular para conseguir carne”, explican Timothy Noakes y Michael Spedding en otro artículo del último número de Nature.
En cualquier caso, aunque la caza hoy se encuentre en las cámaras frigoríficas de los supermercados, nuestra habilidad de asimilar y usar oxígeno nos hace tener una mayor capacidad metabólica que cualquiera de nuestros antepasados. Y en esta nueva era, los científicos indican que una proteína en concreto destaca sobre las demás: el factor neurotrófico derivado del cerebro (BDNF, por sus siglas en inglés). Varias investigaciones han demostrado su papel en la prevención de enfermedades. Con el ejercicio, aumenta la circulación de esta proteína y el número de conexiones neuronales, lo que beneficia al uso de la memoria.
En ratones se ha comprobado que disminuye la obesidad y la aparición de diabetes tipo 2. Juega un papel importante en trastornos psiquiátricos y neurológicos –al destacar en el cortex prefrontal– y estimula a las mitocondrias del cerebro. También actúa en la médula espinal para reducir la frecuencia cardíaca.
Hacer deporte, por tanto, beneficia a nuestro estado físico, aunque los expertos recuerdan que siempre debe ir acompañado de una dieta equilibrada. “El ejercicio puede ser barato pero las consecuencias de ignorarlo, muy caras”, advierten.

fuente: http://www.tendencias21.net/La-genetica-de-los-superatletas-es-distinta-a-la-de-los-demas-deportistas_a12618.html

martes, 27 de marzo de 2012

Macho Men


MACHO MEN: Un artículo publicado en la revista "Hormones and Behaviour" revela que muchas de la diferencias sexuales en el cerebro y la conducta de los machos se encuentran, irónicamente, en el cromosoma sexual femenino. Ratones macho a los que se les eliminó el cromosoma Y y duplicó el X, mostraron conductas masculinas exageradas, como copular y eyacular con mayor frecuencia que los machos control.