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miércoles, 15 de mayo de 2013

Chile, Argentina y México lideran el consumo mundial de gaseosas


Mientras unos celebran las cifras, otros resaltan su correlativo negativo: el deterioro de la salud de la población, a partir de la íntima relación que existe entre el consumo de bebidas azucaradas y la obesidad. Así lo considera Sebastián Laspiur, director de Promoción de la Salud y Control de Enfermedades No Transmisibles del Ministerio de Salud de Argentina, quien comenta que “tenemos un consumo extremadamente alto de bebidas gaseosas, que no es gratuito, sino que genera la epidemia que estamos sufriendo en relación con la obesidad -infantil y adulta-, y que aparece como uno de los problemas más relevantes y con franco incremento en la Argentina”.


Dada esta situación, pareciera urgente preguntarse por las acciones que están tomando los gobiernos para combatir tal avanzada, pues como reconoce Jonas Feliciano, analista de bebidas de Euromonitor, “el alto consumo de azúcar y la obesidad han sido motivo de preocupación en todo el mundo. Los consumidores han registrado sus preocupaciones a través del cambio de consumo a variedades de carbonato de dieta y sin calorías”.

Preocupante consumo
Argentina lidera la lista con un consumo promedio de 131 litros de bebidas gaseosas per cápita al año. En este caso, existe una clara preferencia por las bebidas colas, que representan el 62,4% del consumo,según detalla Euromonitor, del cual sólo 15,41% son bebidas light.
A este país le sigue su vecino, Chile, también líder en el consumo de pan a nivel mundial, donde se toman 121 litros de bebidas gaseosas anuales y apenas 9,64% de ellas son calificadas bajas en calorías. Estas y otras cifras inspiraron la creación e implementación del programa Elige Vivir Sano, el cual  surge, en voz de su directora, Pauline Kantor, a partir del catastro de tener “un alto porcentaje de la población chilena con problemas de peso y obesidad, lo que causa más de 7.800 muertos al año y que cerca del 80% de la población sea sedentaria”.
En México, donde la principal compañía de bebidas -Coca-Cola- se introdujo por primera vez en 1898, se consumen 119 litros anuales por persona, sólo dos por debajo del nivel de los chilenos. No obstante, este país es el que muestra más preponderancia por las del tipo cola, con 66,36% del total de las bebidas consumidas.
De esta forma, estos tres países mantienen a Latinoamérica a la vanguardia en este ítem. Todos, de hecho, superan en promedio el consumo de Norteamérica, que alcanza los 108,4 litros anuales.
Por el contrario, el país de la región con menor consumo es Costa Rica, con 33,5 litros per cápita, muy por debajo del promedio de 78,7 litros anuales que exhibe América Latina, según datos de Euromonitor.
El resto de los países de la región mencionados por el estudio de Euromonitor, con un consumo per cápita anual son: Brasil con 67,2 litros, Guatemala (67,1), República Dominicana (61,1), Venezuela (55,2), Bolivia (53,4), Colombia (50,6), Perú (50,0) y Ecuador (46,1).

¿Hay soluciones?
El evidente riesgo que conllevan estas cifras ha sido asumido de manera más concreta por Chile, quien institucionalizó el combate mediante el programa antes mencionado “Elige vivir sano”, que surgió en 2011 y que tiene como objetivo principal promover y prevenir el cambio de hábitos en los chilenos, atacando de esta manera los factores que propician la obesidad y otros padicimientos asociados. Su directora, Pauline Kantor, reconoce, sin embargo, que ante el problema del consumo de bebidas gaseosas “no es que haya una política directa, asociada al consumo de bebidas, sino uno más bien amplio, de bajar el consumo de sal, el contenido de azúcar y de grasas”.  Los resultados y objetivos del plan son a largo plazo, enfocados primero en crear conciencia.
Por el lado de Argentina también existe la aceptación de esta preocupante tendencia en el ministerio de Salud, aunque no existe un ente encargado, especializado o institucionalizado para afrontarlo. Laspiur comenta que “estrategias de marketing, publicidad y posicionamiento en los mercados (de parte de la industria de bebidas) han hecho que se transforme esta conducta, que haya pasado de ser una bebida social de festejo a una bebida diaria, presente en la mesa de las familias argentinas”.
Feliciano concuerda con el análisis de Laspiur, y aunque precisa que no estima que haya un boom de consumo de bebidas gaseosas, sí cree que el crecimiento va a continuar, porque mediante “fuertes inversiones en la comercialización de productos, a una amplia gama de consumidores, se aseguró de que pudiera ser adquirida en todos los lugares”.
Ante esto, el representante argentino confirma que el tema ya está presente en la agenda del gobierno y agrega que pese a los desacuerdos y presiones, tanto políticas como del mundo privado, esperan concretar regulaciones en varios ámbitos, como la publicidad, impuestos específicos y también al tamaño de las porciones.
De parte de México no existió la disposición gubernamental (Secretaría de Salud de México) para explicar a AméricaEconomía.com si este problema está siendo abordado de manera específica. Al menos, la información oficial se limita a exponer lo suscrito por la Secretaría de Salud de México, organismo que en 2004 expresó su adhesión a la Estrategia Mundial sobre Alimentación Saludable, Actividad Física y Salud para la prevención de enfermedades crónicas, promovida por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Sin embargo, la nación del norte ocupa el segundo lugar a nivel mundial en prevalencia de la obesidad, lo que torna urgente la implementación de políticas públicas comprometidas efectivamente a frenar la situación.
En paralelo, la industria pareciera añadir a su futuro una pincelada de responsabilidad: las empresas de bebidas gaseosas, luego de haber identificado las preferencias de los consumidores, han comenzado a añadir a la oferta bebidas con minerales, purificadas, saborizadas, para deportistas, etc., todas con un menor contenido calórico y de azúcares. Jaime Gatica, de Anber, detalla que “está claro que hoy respondemos a un consumidor mucho más sofisticado y exigente que pide productos específicos para las distintas ocasiones de consumo. Y desde la industria nos hemos percatado de estas nuevas necesidades y nos adaptamos ofreciendo un portafolio de productos mucho más diverso”.
Claro está que pese a esta tendencia y a la autocrítica de parte del público respecto a valorizar más las bebidas gaseosas menos calóricas, aún los gobiernos tienen mucho qué hacer para que el crecimiento económico que vive la región, camine de la mano de latinoamericanos más sanos, capaces de disfrutar armónicamente ese esplendor.

Fuente: http://www.vanguardia.com.mx/quehacenchileargentinaymexicoparadejardeliderarelconsumomundialdebebidasazucaradas-1741210.html

domingo, 25 de marzo de 2012

No tener amigos es dañino para la salud

Estudio de UCLA sobre la amistad entre mujeres

Un trascendental estudio de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA) sugiere que las amistades entre mujeres son especiales. La investigación, denominada "Female Responses to Stress: Tend and Befriend, Not Fight or Flight" (Respuestas femeninas al estrés: Cuidar y hacer amistades, no pelear o escapar), indica que estas amistades dan forma a lo que somos y a la persona en que nos convertiremos. Calman nuestro revuelto mundo interior, llenan los vacíos emocionales que experimentamos en el matrimonio, nos ayudan a recordar quién somos realmente. Y hacen mucho más.
Hoy se sospecha, desde el campo científico, que el tiempo que pasamos con nuestras amigas puede, de hecho, contrarrestar ese tipo de estrés que nos revuelve el vientre y que experimentamos cotidianamente. El estudio de la UCLA sugiere que las mujeres reaccionamos a las tensiones con una cascada de químicos cerebrales que nos permiten entablar y mantener relaciones con otras mujeres. Es un hallazgo sorprendente que ha venido a revolucionar cinco décadas de investigaciones sobre el estrés - realizados en su mayoría con hombres.
"Hasta que este estudio fue publicado, los científicos creían que cuando las personas experimentan estrés generan una cascada hormonal que las lleva ya sea a pararse y pelear, o a escapar tan pronto como sea posible", explica Laura Cousino Klein, Ph.D., profesora auxiliar de Salud Bioconductual en la Universidad Estatal de Pennsylvania y una de las autoras del estudio.
Se trata de un ancestral mecanismo de sobrevivencia que nos ha quedado del tiempo cuando tigres de dientes filosos nos perseguían por el planeta. Ahora, las investigadoras sospechan que las mujeres cuentan con un repertorio conductual más amplio que ése de "pelear o escapar". De hecho, dice Klein, parece ser que cuando la hormona oxitocina es liberada como parte de las respuestas al estrés en las mujeres, ésta amortigua la reacción de "pelear o escapar" y las motiva, por el contrario, a cuidar de niñas y niños, así como a reunirse con otras mujeres.
Indican los estudios que cuando la mujer se involucra en cuidar y en entablar amistades, más oxitocina es liberada, lo cual contrarresta el estrés y produce un efecto calmante. Esta reacción calmante no ocurre en los hombres, afirma Klein, pues la testosterona -que ellos producen en elevadas cantidades cuando se encuentran bajo tensión- parece reducir el efecto de la oxitocina. El estrógeno, agrega, parece aumentarlo.
El descubrimiento de que las mujeres respondemos al estrés en forma diferente que los hombres fue hecho en unos de esos momentos compartidos por dos científicas, quienes un día conversaban en un laboratorio de la UCLA. Había un chiste según el cual, cuando las mujeres que trabajaban en el laboratorio estaban estresadas, entraban, lo limpiaban, preparaban café y se compenetraban entre sí, dice Klein. En contraste, los hombres que sufrían estrés se ocultaban en algún lugar por sí solos.
"Un día le comenté a mi colega, la investigadora Shelley Taylor, que casi el 90 por ciento de los estudios sobre el estrés se ha realizado con hombres", relata Klein. "Le mostré los datos de mi laboratorio y ambas supimos inmediatamente que habíamos encontrado algo interesante".
Las investigadoras prepararon su calendario y empezaron a reunirse con científicos de varias especialidades. Muy pronto, Klein y Taylor descubrieron que al no incluir a las mujeres en los estudios sobre el estrés, los científicos habían cometido un grave error: el hecho de que las mujeres respondemos a las tensiones de manera diferente que los hombres tiene implicaciones significativas para nuestra salud.
Podrá pasar un buen tiempo antes de que nuevos estudios revelen todas las formas en que la oxitocina nos motiva a cuidar y a hacer amistades con mujeres, pero la noción de "cuidar y entablar amistades" desarrollada por Klein y Taylor podría explicar por qué nosotras consistentemente vivimos más que los hombres. Un estudio tras otro ha revelado que los vínculos sociales disminuyen el riesgo de enfermedades al reducir la tensión arterial, las afecciones cardiacas y los niveles de colesterol. No hay duda, dice Klein, de que las amistades nos ayudan a vivir más.
En un estudio, por ejemplo, los investigadores encontraron que las personas que no tenían amistades presentaban un mayor riesgo de muerte en un periodo de seis meses. En otra investigación, quienes tenían el mayor número de amistades en un periodo de nueve meses redujeron en más del 60 por ciento su riesgo de muerte.
Las amistades también nos ayudan a vivir mejor. El famoso Estudio de Salud de Enfermeras, de la Escuela de Medicina de Harvard, reveló que mientras más amistades tenían las mujeres, menores eran sus probabilidades de desarrollar impedimentos conforme envejecían, y más probabilidades tenían de disfrutar una vida gozosa. De hecho, los resultados fueron tan significativos que los investigadores concluyeron que el no tener amistades cercanas o confidentes era tan dañino para la salud como el consumo de tabaco o el sobrepeso.
Eso no es todo. Cuando las investigadoras analizaron cuán bien funcionaban las mujeres tras la muerte de un esposo, descubrieron que aun frente a esta importante fuente de estrés, aquéllas que tenían una amiga cercana o confidente presentaban más probabilidades de sobrevivir esa experiencia sin ningún nuevo impedimento físico o pérdida permanente de la vitalidad. Por el contrario, las que carecían de amigas no tenían siempre tanta suerte.
Sin embargo, si las amistades contrarrestan el estrés que en la actualidad parece absorber una buena parte de nuestras vidas, si nos mantienen saludables y hasta añaden años a nuestra existencia, ¿por qué es tan difícil encontrar el tiempo para ellas? Es una pregunta que también preocupa a la investigadora Ruthellen Josselson, Ph.D., coautora de "Best Friends: The Pleasures and Perils of Girls and Women's Friendships" (Mejores amigas: Placeres y peligros de las amistades de niñas y mujeres) (Three Rivers Press, 1998).
Cuando estamos demasiado ocupadas con el trabajo y la familia, lo primero que hacemos es descuidar las amistades con otras mujeres, explica Josselson. Las empujamos a la hornilla trasera. Ése es un verdadero error, dado que las mujeres somos una fuente tan grande de fortaleza unas para otras. Nos nutrimos mutuamente. Y necesitamos tener un espacio sin presiones en el que pueda darse la clase de charla que tenemos cuando estamos con otras mujeres. Es una experiencia muy sanadora.

Texto de Gale Berkowitz
Traducción de Laura E. Asturias