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lunes, 15 de octubre de 2012

El poder del usuario

Desde que las redes sociales eclosionaron como los nuevos canales de comunicación entre los seres humanos, haciendo de la información un bien de acceso libre y transversal, son muchos los acontecimientos históricos que han visto modificado su rumbo, gracias al poder de los “usuarios unidos en red”
Carolina Velasco

 Egipto, los desastres naturales de Japón o las revueltas estudiantiles en Chile, se propagaron en tiempo real, grandes líderes derrotados, decisiones adoptadas que dan marcha atrás por el peso de la acción social, movimientos sociales de toda índole orquestados desde las redes sociales, son sólo algunas de las cosas que, como civilización hemos logrado con ésta nueva forma de comunicación social.
 El fenómeno social ha sido la “chispa” que ha encendido la mecha de los “prosumidores unidos”, veamos  qué podemos esperar de este poder del cliente en Internet.
 Son muchas las personas que interactúan en línea a diario, no es un tema menor que la gestión eficiente de la reputación corporativa, siga siendo el gran “talón de Aquiles” de la empresa post Social Media.
 Vivimos en la era de Internet, vivimos en el ciclo Solomo, donde o social, local y en movimiento, marca el destino del tejido empresarial de forma global y con el servicio de atención al cliente, como eje central de los desafíos que enfrentamos.
 Los usuarios comparten, compartimos en red, expresamos nuestras opiniones, acerca de todo, incluido de aquello otrora considerado inherente a la intimidad, el cliente actual no tiene ninguna limitación a la hora de expresar sus emociones y, esto es así porque son emociones lo que principalmente vincula a los clientes con las empresas consideradas referentes de sus mercados o industrias.
 Es debido a éste poder de los consumidores en línea que hemos modificado estructuralmente la definición que le damos al marketing. Hoy sabemos que todas las acciones realizadas a golpe de clic, responden a un plan de marketing, a una imagen que buscamos transmitir y a través de la cual, consolidamos redes de contactos. ¡Son nuestras acciones las que definen nuestra influencia y, la suma de éstas, es lo que informa sobre la reputación corporativa de la empresa actual!
 No podemos olvidar que los desafíos que enfrentamos están hoy vinculados con nuestra capacidad como prosumidores de entregar soluciones que respondan a conceptos intangibles, como la ética, la confianza y el cumplimiento de los compromisos.
 Todos podemos hacer clic, todos podemos conformar redes de contactos con las que compartamos puntos de vista, intereses, gustos y necesidades, todos somos prosumidores, el poder del consumidor en la red es tan infinito como lo son las oportunidades que, a diario se nos presentan para hacer las cosas bien.
 Recordemos que el conocimiento es quien hoy ostenta el poder que otrora lideraba la información y no olvidemos nunca que, si bien unidos somos más fuertes, también debemos conseguir, desde nuestra obligada vertiente de productores a la que nos expone la red, que dicha unión de cómo resultado una mayor eficiencia para nuestros objetivos como empresa y para los objetivos de ésta nueva economía social que estamos construyendo a golpe de clic.
 Tenemos el poder para adquirir conocimientos de forma constante y traducirlos en respuestas a necesidades aún por satisfacer, tenemos las herramientas y recursos para conectar con más personas y empresas afines y sin duda alguna, tenemos las cualidades para hacer de esta revolución cultural del Siglo XXI marcada por la incorporación de la innovación tecnológica como anexo nuestro, de cómo resultado – al fin- una nueva forma de relacionarnos y comunicarnos.
 ¡Las oportunidades están ahí y hacer las cosas bien, hace tiempo que dejó de ser una opción, hoy los clientes (todos nosotros) compartimos, nos unimos y nos formamos en red a golpe de clic… el usuario online tiene los mandos, hay que hacer las cosas bien!
fuente: wwwwhat´snew.com

viernes, 10 de agosto de 2012

¿A usted quién lo maltrata más?

¿Quién lo maltrata más?
Moisés Naím

¿Por quién se siente usted más maltratado? ¿Por su proveedor de telefonía? ¿Por su banco? ¿Las líneas aéreas? Las relaciones entre las empresas y sus clientes están cargadas de conflictos de interés cubiertos por una capa de hipocresía, publicidad y mercadeo. Al fin y al cabo, las empresas quieren extraer la máxima cantidad de dinero de sus clientes y estos quieren pagar lo menos posible. Crear lealtad a la marca es la principal motivación que impulsa a las empresas a tratar bien a sus consumidores. Nada nuevo. No obstante, las empresas insisten en persuadirnos de que son nuestros amables aliados y que sus decisiones de precios, calidad y servicios también están guiados por la ética. A esta idea últimamente no le ha ido muy bien. El Barclays Bank, por ejemplo, pagó una multa de 452 millones de dólares por haber manipulado las tasas de interés interbancarias (la tasa Libor, a la que ahora algunos cínicos llaman, en inglés, Lie-More: miente-más). “¡No somos los únicos!”, clamó el jefe de Barclays antes de dimitir. Su colega de JP Morgan, Jamie Dimon, insiste en que los bancos no necesitan más regulaciones, ya que sus valores éticos, sus mecanismos de autocontrol y la competencia garantizan que sus decisiones estén alineadas con los intereses de la sociedad. Pero Dimon se ha visto sorprendido por pérdidas escondidas en su banco de 2.000 millones de dólares (o 5.000. O más. Aún no se sabe). Dimon dijo estar indignado por la deshonestidad de los banqueros de JP Morgan (pequeño detalle: son sus empleados). Rajat Gupta, el exjefe de la prestigiosa empresa consultora McKinsey&Co (“somos una organización guiada por valores”) acaba de ser condenado en Nueva York por haberle filtrado a su cómplice valiosa información secreta sobre Goldman Sachs, empresa en cuyo directorio Gupta participaba.

HSBC, otro banco, también se disculpa: en 2007 y 2008 su subsidiaria en México envió a EE UU 7.000 millones de dólares presuntamente depositados por los carteles de la droga. Y hablando de México: según la OCDE (organismo formado por los países más ricos del mundo) los excesivos precios que cobra AmericaMovil, la empresa de telefonía de Carlos Slim, le cuestan a los consumidores de ese país 26.000 millones de dólares cada año. Pero pagar más por hacer una llamada telefónica no es tan peligroso como tomar una medicina que, en vez de curar, mata. La empresa farmacéutica GlaxoSmithKline (GSK) acaba de ser multada con 3.000 millones de dólares por promover medicamentos que hacen daño, o incluso pueden causar la muerte. El monto de la multa es muy alto, pero no tanto como los 8.200 millones de ganancias que la empresa tuvo en 2011.

¿Qué está pasando? ¿Han aumentado las conductas empresariales abusivas o solo estamos mejor informados? Ambas cosas. Lo cierto es que el viejo principio del caveat emptor, que en latín significa que es el comprador quien debe tomar las precauciones porque el riesgo es suyo y no de quien le vende, es más válido que nunca.

La enorme complejidad del comercio moderno pone a los consumidores en desventaja. Las empresas gastan fortunas en crear marañas de incentivos y obstáculos que limitan la libertad del consumidor para no seguir comprándoles o cambiarse a otra empresa. Modificar un pasaje aéreo o un contrato de servicio de telefonía móvil es una odisea que pocos logran remontar sin incurrir en costos adicionales —y a veces sustanciales. Todos nos hemos visto sorprendidos —y espantados— por facturas telefónicas acumuladas sin darnos cuenta, o por no haber leído con atención —y con un microscopio— el contrato firmado con el proveedor de servicios. Cada vez más los gurús de la estrategia empresarial explican que una empresa exitosa es aquella que logra “fidelizar” a sus clientes hasta el punto de que más que compradores se vuelven suscriptores. Lograr que un usuario acepte entrar en un vínculo comercial permanente donde se renueva regularmente —y automáticamente— la relación de compra\-venta equivale a alcanzar el nirvana empresarial. Mientras que las suscripciones antes se limitaban a servicios como la televisión por cable o productos tales como revistas, ahora la estrategia se aplica a coches, ropa, alimentos, etcétera.

Pero para los consumidores también han aparecido ventajas y posibilidades que antes no teníamos. La hiper-competencia entre empresas rivales ayuda a contener los abusos que solo son sostenibles cuando estas se cartelizan y coordinan sus precios y políticas. De esto aún hay mucho (¿hablamos de las maquinillas de afeitar?), pero también es cierto que en muchos sectores hay más competencia, y que las viejas empresas dominantes están cada vez más amenazadas por nuevos rivales. Y otra buena noticia es que hoy los compradores tenemos acceso a más información que nunca sobre lo que compramos y sobre quién nos vende. Barclays y GlaxoSmithKline lo acaban de descubrir.

fuente: http://internacional.elpais.com/internacional/2012/07/21/actualidad/1342889251_661177.html